Dos Jinetes del Apocalipsis

El País de los Hongos, lindante con el País del Fuego, la Tierra y la Lluvia, es sin dudas el lugar más extraño de todo el continente. Y no solo porque en él sea fácil perderse por la cantidad de vegetación que en el crece, sino que también posee una de las mayores cantidades de flora del planeta, yendo desde pequeños hongos de colores rojizos y de gran cantidad de nutrientes y proteínas, a grandes plantas de colores fluorescentes capaces de lograr causar despistes en aquellos que se descuiden mucho de ellas. Es en parte por esto, que es uno de los territorios menos explorados en la actualidad, ya que es muy difícil poder adentrarse de lleno en este lugar y sobrevivir a sus protectores naturales. La capital del país, el mal llamado Chikki Niji (Territorio Arcoíris), es el hogar de los mejores herboristas del planeta, siendo capaces de preparar todo tipo de medicina al conocer de lleno las capacidades de cada planta de esta ciudad. Recibe su nombre de la cantidad de colores diferentes que se pueden vislumbrar a simple vista dentro del territorio. Su principal herramienta de comercio, son sus ungüentos y medicinas, aunque no se sabe si herboristas han explicado aún todas las propiedades de los hongos de este país.
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Dos Jinetes del Apocalipsis


33 de Invierno de 148
Hora: 0900
Frontera del País de los Hongos / Posada Kenpachi
Vengo de

Tres días de viaje habían sido suficiente para atravesar el País de los remolinos, el País de las Aguas Termales y finalmente tomar un barco para llegar al País de los Hongos, estaba en la zona fronteriza con el País de los Campos de Arroz tal cual había prometido a mi compañero en su momento, era allí donde comenzaría la verdadera aventura después de tanto tiempo, me encontraba sentada en una de las mesas de la posada, recordando que el muchacho tenía una marca en una de mis manos capaz de permitirle seguir mi rastro a donde quisiera, había alquilado una habitación para pasar la noche allí. Ya había finalizado el trato con el posadero, para quedarme aun con todas mis pertenencias, aguardando pacientemente, mi mirada estaba clavada en la entrada del sitio a unos diez metros de la misma, había tres mesas entre la entrada y yo, a mi espalda nada más que pared. Como consuelo después de mi parada en el País del Hierro al no encontrarlo le envíe un mensaje con Sinsol, además que le enviaría unas cartas adicionales a mi casillero en el País de la Lluvia en el puerto, bajo el seudónimo prometido para indicarle encontrarnos en la zona fronteriza del País de los Hongos con el País de los Campos de Arroz.

Mis atuendos consistían en un pantalón camuflado que combinaba los colores gris, blanco y azul, en cada muslo llevaba dos estuches de armas, mis manos eran protegidas en ese momento con dos guantes de tela azabache que tenían una placa metálica en las contra palmas, mi torso era protegido por una camisa manga larga que imitaba los colores del pantalón, botas militares blancas, finalmente sobre mi torso un chaleco táctico de Amegakure, tintado con un spray que le cambiaba el color a uno negro azabache con una calavera blanca tintada en la espalda. Mi cabello lo había cortado un hasta dejarlo al ras de mi rostro, mi mirada había cambiado enormemente al igual que había madurado lo suficiente, tenía frente a mí una taza de chocolate caliente esperando que el mercenario hubiera recibido mi correspondencia, suspiré con tranquilidad, dándole un primer sorbo al chocolate aguardando por la llegada del militar que debía ser este día.
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#1

Mensaje Alice13 May 2020, 06:59


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Re: Dos Jinetes del Apocalipsis


Los pueblos pequeños tenían cada uno su encanto particular. La gente vivía jornadas simples, y un hecho tan simple como un niño aprendiendo a andar en bicicleta era un hito para el poblado entero. Ingresando al País de los Hongos desde su frontera poniente, el mercenario se preguntaba cómo sería la rutina de una familia que viviese entre tan espectacular flora. Sabía que, según las correspondencias recibidas por Alice, debía encontrarse con ella en el límite opuesto al cual le había dado la bienvenida, pues acababa de pasar unas placenteras vacaciones entre nieve y Hierro. Aquel lejano punto de encuentro, si bien poco práctico para sus actuales andanzas, le otorgaba la posibilidad de conocer por primera vez el exótico país. De haber sabido que su nombre era tan literal como el de sus vecinos —excepto el Fuego-, hubiera optado por tomarlo como ruta habitual hace mucho tiempo. Dedicándose un día y medio para recorrerlo a lo ancho, optó por esquivar caminos principales, y en cambio danzar entre las "copas" de los enormes hongos y anchos pero escasos árboles. Finalmente, allí donde la espesura del bosque peculiar se iba perdiendo, llegó al pueblo donde la mujer le había citado. Era bastante más grande que un humilde poblado estándar, pero aun así no llegaba a ser una ciudad.

Dejó de hacer el mono e ingresó por su calle principal como cualquier transeúnte. La dama, en código, más o menos le había indicado el punto en el cual encontrarse, pero él sin mucha voluntad para ponerse a buscar en cada rincón con una lupa, se encaminó directo al centro donde las pocas posadas del lugar podrían existir. Allí utilizó su técnica sensorial, y muy fácilmente identificó al chakra más prominente del barrio. Debía ser ella.
Su sexto sentido le llevó a la fachada de una posada cálida mas no muy llamativa. Como muchas en su estirpe, tenía una cafetería en su planta inferior. Allí le encontró, diferenciando su juvenil pero poco expresivo rostro a través de un ventanal, y notando que se veía más oscura de lo habitual. ¿Por qué epopeyas habría pasado en su búsqueda de la libertad? No esperaba de ella una tarde de anécdotas, y realmente no lo necesitaba tampoco, siempre y cuando se encontrase sana.

Una campanita sonó sobre la puerta en cuanto la figura del caza-recompensas de larga gabardina café y pantalones semi formales azulados irrumpió en el establecimiento. No hacía ningún esfuerzo por ocultar las diversas armas que colgaban de su vestimenta, ya bien conocidas por la kunoichi en su completud. Había alguna que otra nueva, mas prefirió mantenerla en una bodega personal, al menos hasta tener más práctica con las mismas.

Hey —saludó directamente a la chica alzando la diestra, con la mano contraria en el bolsillo del pantalón. No prestó atención al personal del local, y caminó linealmente hacia Alice—. Cuánto tiempo —acotó con una muy ligera sonrisa—. Intenté leer ese libro que me recomendaste. Es muy aburrido.

Buscó una silla libre frente a ella, y tiró del respaldo de la misma para acompañarla en la misma mesa. No le preocupaba ser vistos juntos, pues estaban un poco en el medio de la nada, y ya había corroborado que no hubiese otros entes sospechosos en la zona. Otra ventaja de los pueblos, era que costaba muy poco hacer un rastrillaje del potencial de su población.
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Kanchi (Detección)Ninjutsu Rango CRequisitos:
  • 30 puntos en atributos Espirituales.
Sellos: Dragón.
Efectos:
  • Permite detectar toda presencia de chakra a 5 metros de distancia por cada punto en control de chakra que posea el usuario.
  • Se debe permanecer quieto durante la ejecución a menos que se posean 25 puntos en concentración.
  • Los chakras detectados simplemente te indican si es mayor o menor a tus reservas totales.
Coste: 15 PC por turno.
El shinobi realiza un sello a dos manos que le permite detectar presencias de chakra a un determinado alcance. Se trata de la técnica más sencilla de la rama sensorial.
Código:[kajin01][/kajin01]
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#2

Mensaje Akira Matsuda14 May 2020, 03:40


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Re: Dos Jinetes del Apocalipsis


Daría un primer sorbo a mi chocolate cuando la campana de la puerta frente a mí resonaría, alzaría la vista en su dirección para mirar la figura del masculino ingresar por aquel marco, cerraría unos segundos mis ojos para sonreír entusiasta, bastantes cosas había vivido, cosas que me habían hecho sentirme libre realmente, viva, encontrar fuerza donde nunca antes y lo más importante una especie de romance con aquella estúpida psicótica y psicópata suicida de Sora. Abriría mis ojos al escuchar el resonar de la silla sobre la madera para que el hombre tomara asiento para fijarme en su rostro, — Matsuda-senpai. — comenté en señal de saludo mientras se sentaba, para luego simplemente soltar una pequeña carcajada cubriendo mi boca con la mano izquierda en forma de puño.

— Yo no leí el libro, jajaja solo era por si las paredes escuchaban, era una muestra de cómo contactarnos. — confesé la pequeña broma al militar, — Pero el intento de leerlo es gracioso. — diría en ese momento para apartar las risas de mi cara, quería mostrarle un poco de la nueva yo y tal vez aprovechar ese reencuentro para conversar un poco de los planes que hace un año y tanto habíamos trazado. — ¿Cómo ha estado Senpai, como esta Mitsuki-dono? — pregunté con interés mientras daba otro sorbo a mi bebida.

— ¿Cómo está el País en este momento? — cuestioné con interés, nunca estaba de más averiguar más acerca de los asuntos de mi antiguo lugar de residencia y en tanto tiempo muchas cosas pudieron cambiar, sin más dejaba mis manos rodeando la taza de chocolate caliente frente a mí, para enfocar mis orbes en los gestos contrarios y así comprender un poco más de las cosas que pudiera relatarme, mirando cada cierto tiempo por sobre su hombro en dirección a la puerta de entrada, nunca se sabía quién pudiera andar por ahí, siempre llegaba algún estúpido a desafiar el destino para que el Olimpo le quitara sus miserables vidas.

La rubia que necesitaba regir el País de la Lluvia era de mi interés, la consideraba una compañera, una amiga y junto al mercenario los veía como lo más cercano a una familia que pudiera tener, por el hombre un sentimiento de paternidad y por la mujer uno que lo hacía sentir maternal, les tenía cariño y por eso había asumido la responsabilidad de depurar el País para el mandato de la joven Kita. Mi interés era notorio en la mirada, mis oídos agudos aguardando por recibir terribles noticias porque de esas siempre abundaban.
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#3

Mensaje Alice14 May 2020, 07:08


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Re: Dos Jinetes del Apocalipsis


Puesto cómodo en una silla frente a la jovencita, Akira extendería los brazos a los lados tronando una que otra vértebra cansada por el viaje. Se reposaría libremente en el respaldo, mostrando una postura desprolija y confiada, con un antebrazo apoyado sobre la parte superior del respaldo y colgando hacia atrás cual péndulo impreciso. El modo en el que ella le llamaba le causaba algo de gracia, tratándole como a un compañero de estudios o labor. Quizá mera costumbre por el ámbito en el que había crecido, pero no dejaba de sonarle extraño a un independiente como él. Sin embargo su sonrisa natural se esfumaría tan rápido como la de ella, pasando a un gesto de leve molestia, de labios un poco fruncidos.

Ahh... —suspiró— ¿No te enteraste? Me extraña —comentó recuperando la sonrisa, pero más pequeña y algo burlona—. Imaginaba que tenías tus contactos. Aunque bueno, parece que aquí estoy yo cumpliendo ese rol —volvió a suspirar, esta vez desinflando el pecho cabizbajo. En ese instante una mesera se acercaría para corroborar si el mercenario deseaba algo, ante lo cual éste sólo replicó pidiendo un vaso de agua. No habló más hasta que la mujer se retiró, evitando ser escuchado por nadie más que su interlocutora.

Mitsuki está... más o menos —respondió bajando el tono e inclinándose hacia adelante—. Su tío, el Amekage... parece que murió de manera algo violenta, junto a la Kazekage —explicó, frunciendo el ceño ante la última mención, pues incluso ahora se le hacía extraño decir aquellas palabras de la líder de la aldea que solía regir su país natal. Claro que eso ya era historia, pero en sus días de crimen organizado, siempre existía el temor de que los de la arena hiciesen aparición—. Realmente no sé ni me interesa cómo se ha tomado esto internamente el País de la Lluvia, ni tu aldea, ni me interesa en todo caso. El tema es que Mitsuki ha estado bastante deprimida, obviamente, aunque he intentado mejorar su ánimo con algunos viajes, y algo de ocio.

Forzó una sonrisa con el claro propósito de dejar aquel tema, aunque dándole la chance a Alice de hacer alguna pregunta si así lo deseaba. Al menos en ese instante, él podía no ser una gran fuente de información, pues su atención había estado en otros asuntos. Aun así, mientras no significase andar ventilando los temas personales de su pareja, intentaría ayudarla.
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#4

Mensaje Akira Matsuda15 May 2020, 06:22


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Re: Dos Jinetes del Apocalipsis


Como era costumbre tocar aquellos temas delicado apartaban un poco las emociones, así que mientras sujetaba la taza de chocolate caliente entre mis palmas le escuchaba con mucha atención, — Los que tenía simplemente tuvieron mejores cosas que hacer…— confesé en ese momento encogiéndome de hombros, las personas que creía que me apoyarían a aniquilar algunas personas en el puerto simplemente habían desaparecido por completo, así que probablemente o fallecieron en su búsqueda de poder o simplemente no estaban comprometidos con la causa que habíamos pactado. Les faltaba compromiso, determinación y esa duda había causado que todo se atrasara durante tanto tiempo al punto de llegar a un nivel de casi abandonar todo.

Una mesera le ofrecía sus servicios al mercenario quien solo pedía un vaso con agua, me valdría de ese silencio para darle un sorbo a mi deliciosa bebida, para cuando se marchó comenzaría una vez más su narrativa, Mitsuki parecía haber perdido a su tío, pestañe un par de veces incrédula, hasta que escuché que mi mentora, la mujer que nos salvó de aquella crisis del País del Viento también había muerto, aunque quería no demostrarlo esa noticia cerraba un ciclo importante de mi vida, los restos de mi antigua aldea acababan simplemente de desaparecer y nunca tuve la oportunidad de mostrarle de lo que era capaz.

Cerré mis ojos unos segundos, mis manos se aferraron con fuerza a la porcelana de la taza, trataba de digerir todo lo que acababa de decirme, — Creo que estas haciendo un muy mal trabajo tratando de animarla. — comenté para respirar hondo, — Y no, no es mi Aldea, fue el sitio que me usaba a cambio de darme una casa donde dormir. — diría con tranquilidad, — Es una verdadera lástima, nunca pude mostrarle a la Kazekage lo que era capaz de hacer, se llevó una imagen mía donde solo fracasaba. — expliqué para llevar mi mano derecha hasta mi nuca y sobarla un poco para tratar de aliviar esa presión que sentía en esa zona.

—Si gustas podríamos ir y darle una visita a la aldea, para intentar animarla.— argumenté con serenidad — Después de todo parece ser que la Aldea es un nido de imbéciles que no sabe proteger a sus líderes ni sus ciudadanos, tal vez podamos matar unos cuantos inclusive al que llaman Mapache. — sugerí en ese momento para tratar de desahogar tal vez los sentimientos que me daba saber que quien dirigía mi antiguo hogar murió por la patética defensa que tenía aquella villa, — Tal vez, recordándoles que el mundo no es tan seguro como creen y destrozando sus puertas, Mitsuki se anime…— bajaría la mirada hacía la taza.

— Es decir, usando una máscara, matamos muchas personas, quemamos las entrada, Mitsuki sale a defender, nos ataca y woala, se relaja dejando salir todo ese estrés y conmoción que tiene por dentro. — mi siniestra que aun estaba apoyada en la taza usaría mi habilidad del clan para calentar demasiado la misma causando que se rompiera inmediatamente dejando un color rojizo en la porcelana que estaba allí, era como un mal presagio ante mi idea, negué con la cabeza, — Disculpe, desviaré un poco al saber que lo último que quedaba de mi País acababa de fallecer. — suspiré con decepción para sacudir mi mano hacía un lado de la mesa para dejar salir el chocolate.

—Tal vez podría decirle que estoy viva, así se animaría un poco.— sugerí una idea menos radical que la anterior, pero usarla tampoco estaría mal, ir a la aldea quemarla matar unos cuantos y darle incentivo laboral a la rubia para que se sintiera ocupada, — Yo aun sigo sin encontrarle un propósito a mi vida, no le encuentro un sentido.— aclaré dando un suspiro, —Encontré una chica, salgo con ella y de cierta manera me hace sentir rara, me hace sentir deseosa de sus labios, pero es bien estúpida, suicida y como sé que terminara muriendo, estoy pensando en abandonarla.— expliqué para contarle algo distinto al chico, — Este año he vivido bastante cosas, buenas, agradables e inigualables, pero sigo sin tener un propósito, algo que me motive a crecer. ¿Alguna sugerencia? — pregunte apilando los restos de la taza en el centro de la mesa, aguardando que la camarera limpiara el chocolate cuando le trajera el agua al mercenario.
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Mensaje Alice17 May 2020, 06:31


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Re: Dos Jinetes del Apocalipsis


Quizá había sido muy abrupto con sus noticias, pero realmente estaba algo harto de todo el drama que derramaba de aquel país de constante precipitación, donde parecía ser que de las nubes no caían más que lágrimas. Normalmente le importaría un bledo la interna de una nación más del montón por las cuales viajó, pero era distinto cuando los problemas terminaban por alcanzar a la rubia. El hecho de que el objetivo del ataque haya sido el Amekage le quitaba relevancia a que fuese además su tío —o bueno, no realmente, pero daba igual eso-, y temía que la pérdida de la muchacha quedase en el olvido, así como también había quedado en el olvido el último dolor de la arena.

La chica entonces propondría un método algo radical, y dudosamente efectivo, para animar a Mitsuki. Realmente estaba revelando que tenía algún duro resentimiento para con la lluvia, que deseaba desahogar de una manera tan suicida como presentarse en su interior para desatar el caos en sus calles. Akira no dudaba del poderío de Alice, pero tampoco dudaba en las capacidades que tenía una aldea shinobi para detener un conflicto de aquel tipo de manera eficiente si el enemigo se encontraba puertas adentro. O quizá estaba idealizando a las aldeas shinobi, por no conocerlas en realidad, y siempre haber oído historias falsas en labios de bandidos de poca monta.

Creo que simplemente tiene que aceptarlo poco a poco. Son cosas que pasan —fue su conclusión, mientras enfocaba la mirada en el burbujeante chocolate que Alice sostenía entre manos. Curiosamente, parecía calentarse cada vez más, al punto de hacer ebullición. Repentinamente, dejando en claro que no se trataba de algo natural, la taza se quebró en varios pedazos, derramando chocolate en toda la mesa.

¿Estás bien?, ¿te lastimaste? —cuestionó preocupado el mercenario, mientras alzaba la mano para llamar la atención de la mesera— Porque yo sí me lastimé —comentó entonces con una sonrisa torcida—; tratándome de muerto, o irrelevante. ¿O acaso olvidas que soy también de tu país? Hieres mis sentimientos Alice-chan.

Más allá de sus bromas, le dejaría continuar aquella introspección que hacía. Alice era una paradoja de infinitos planes, y ninguno a la vez. Parecía tener una ambición tan grande, que la misma abarcaba más que su rango visual, haciéndole creer que lo que tenía en frente era un sólido e infinito muro. Le hacía creer al hombre que su mente se movía más rápido que ella, buscando en varios movimientos más adelante lograr algo importante, pero tanto se enfocaba en el cómo, que no terminaba de dilucidar el qué.

Pues, si no me equivoco, lo que te motivaba en nuestro último encuentro era la justicia, ¿o no? —buscó confirmación— No estabas conforme con cómo funcionaba el mundo, o al menos los sitios donde viviste. Quizá, para darte más material de estudio, puedo llevarte a un lugar totalmente distinto a lo que conoces. Se podría decir que es un sitio muy justo, probablemente de manera algo exagerada, pero con una dinámica peculiar. De hecho, tengo pendiente ir allí en busca de nuevos juguetes.

Miró a los lados antes de decir más, y esperó a que la empleada del lugar limpiase el desastre que había hecho la joven antes de continuar. La mujer simplemente levantó el mantel de la mesa, e hizo un bollo de tela con chocolate para llevárselo todo al interior de la cocina. Tras aquello, Akira se inclinó hacia adelante, bajando la voz para que definitivamente nadie más pudiese oírle.

El lugar en cuestión se llama Kurebasu, es un mercado negro conocido por... ciertos círculos —explicó, y volvió reposarse contra la silla—. ¿Te interesa acompañarme? —concluyó su propuesta.
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#6

Mensaje Akira Matsuda31 May 2020, 23:14


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Re: Dos Jinetes del Apocalipsis


Tal como sospeche en su momento mi propuesta era un tanto radical o excesiva, por eso el rechazo de Akira ante la propuesta, sin embargo tenía razón, solo era cuestión de darle tiempo a la rubia para que se recuperara, después de todo ella misma había elegido esta vida militar, donde las personas iban y venían constantemente, más teniendo una posición tan importante como ser líder de una aldea donde la muerte siempre estaba al asecho. No me quedaba más remedio que aceptar lo que decía el muchacho, sin mucha vacilación pues yo misma estaba consciente que estaba cruzando la raya de la cordura al hacer semejante propuesta, para mi suerte el mercenario en la mayoría de las ocasiones solía aconsejarme de manera prudente para no cometer alguna locura.

Cuando la taza exploto, el muchacho respondería de manera un tanto preocupada, — Sí, descuide, estoy bien. — mencioné enfocando un momento la mirada en mis manos para ver que no me hubiera cortado, para mi suerte no fue así aunque ahora tenía cubierta las palmas con aquella dulce bebida, —¿De cuál de los dos? — pregunté ladeando la cabeza a modo de chiste para luego reír nuevamente, —¿País del Viento o País de la Lluvia? — comenté con una tonalidad bromista, — Aunque somos el legado de un País que parece predestinado a desaparecer del mundo. — suspiré con un tanto de decepción en ese instante, ya no teníamos oficialmente nada que nos vinculara al País del Viento más que recuerdos. En mi caso los sobrevivientes de la Aldea, pero en el caso del mercenario no recordaba haberlo visto en las filas de la aldea, así que supuse era Paisano solamente.

Escucharía las nuevas propuestas y argumentos del hombre que intentaban encausarme hacía un objetivo, le miré con serenidad, para luego enfocar la atención en la chica que limpiaba la mesa, para cuando finalizo y se marchó escuchar el resto de la propuesta del veloz sujeto, — Así es, busco la justicia, aunque creo que el Karma cumple muy bien su papel, negocias con terroristas y te matan por terrorista. — comenté respecto a los hechos recientes que habían acabado con la vida del líder de la villa, era una hermosa obra de arte saber que el hombre que negociaba con criminales había muerto probablemente en manos de criminales, no había nada mejor que eso.

Pero Akira con su comentario me estaba ofreciendo un nuevo curso que tomar, una nueva acción, un nuevo sitio que explorar, supuse que era una buena manera de continuar perfeccionando mis habilidades antes de tener la aventura en la que la Mizukage requería mi fuerza, —No tengo nada mejor que hacer, por lo menos hasta que tenga que cumplir cierto trabajo, que no debe ser en menos de treinta días. — indiqué con serenidad, el hombre tenía asuntos que tratar en aquel sitio y aunque no dudaba de sus cualidades, supuse que era buena idea acompañarle, — Así aprovecho y veo que otras cosas puedo comprarme en ese lugar. — comenté, parecía algo interesante ir a ese sitio a investigar y encontrar algunas pistas al respecto. — Yo aun necesito investigar las pistas de las cosas que sucedieron en este País, pero para eso necesito un poco más de fuerza supongo. — comenté al hombre para aclararle que no me sentía lo suficientemente fuerte para causar daño a los posibles enemigos de aquella aventura.

— ¿Cuándo partimos? — pregunté respecto a su propuesta.
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#7

Mensaje Alice02 Jun 2020, 16:54


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Re: Dos Jinetes del Apocalipsis


Tras una breve olfateada, bebió el vaso de agua que se le había servido. Tenía bastante sed dado el largo viaje, así que de un solo y prolongado trago hizo fondo blanco, apoyando el recipiente de vidrio vacío con ahínco sobre la mesa. Suspiró con la boca abierta al sentir la frescura en su garganta, pero aun así palpó con la mano la existencia del vial de antídoto en uno de sus bolsillos. Nunca se podía estar seguro de lo que tramaban las paredes, o qué ojos se ocultaban tras las mismas. Para su fortuna, en esta ocasión, aparentemente ningunos.

Al menos en Rōran hay demasiados peces gordos como para que desaparezca. No lo permitirían —acotó Akira tras haber escuchado el corto discurso que Alice montó mientras él bebía—. Hay mucho más viento del que corría por sobre Sunagakure. Yo tuve que irme mucho antes de la catástrofe que cortó tus lazos y te empujó al éxodo, pero eso no significa que todos mis lazos se hayan perdido. Aunque son muy finos, eso sí.

Se permitió divagar levemente en la melancolía, transportando su mente al páramo dorado del desierto que rodeaba la ciudad de la fortuna. Su amigo y contacto le había adelantado años atrás que su ciudad natal había cambiado demasiado, y con confianza ciega el mercenario usó esa información de excusa para nunca regresar. ¿Por qué en sus tantos viajes no se había molestado en corroborar el estado actual de Rōran? Quizá siempre había querido huir, y por eso no se cuestionaba las palabras de Jetto. Lo mismo pensaba de los shinobi de Suna. Algo les llevó a abandonar su país en vez de asentarse en algún poblado y comenzar desde cero. Quizá finalmente el desierto sí ahuyentaba a todo lo que no tragaba.

En fin, podemos partir ahora mismo —dio su opinión, pues a fin de cuentas, él estaba listo para un viaje, habiendo recién acabado uno—. O al menos en cuanto recojas tus cosas y eso. Aunque, antes de ir a ese sitio, tengo que instruirte en algunas de sus reglas, para que no acabes sin manos, literalmente —bajó nuevamente la voz, aunque igual evitó volver a nombrar el mercado—. Allí hay una fuerte presencia de guardia privada que se encarga de la seguridad y el orden. No importa lo que veas o lo que pase, debes evitar cualquier tipo de agresión. Incluso si vieses al hombre más buscado del mundo, pues el lugar es una suerte de santuario para mercenarios. Nada impide, en cambio, rastrear a alguien hasta que salga de los confines del mercado.

Finalizó con una sonrisa picarona, y se recostó contra el respaldo de la silla. Predecía una respuesta positiva ante la propuesta de partir en ese mismo instante, mas si la chica prefería tener una noche más de descanso, tampoco le molestaría. En cuanto a las pistas de las que ella hablaba, prefirió no hacer referencia mientras se encontrasen entre cuatro paredes. Le parecía un tema mucho más delicado.
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#8

Mensaje Akira Matsuda07 Jun 2020, 22:29


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Re: Dos Jinetes del Apocalipsis


Hablar del pasado era un poco melancólico, recordar como mis ancestros habían quedado sepultados o desaparecido sin dejar rastro era un poco molesto, sin embargo, ya me había acostumbrado a la idea de estar sola durante toda mi vida, así que solo era un simple cosquilleo en mi estómago. — Roran, sabes a veces pienso que ellos confabularon para destruir nuestra aldea con el imbécil que libero al Biju. — comenté una de mis teorías conspiratorias, pero era solo eso, una teoría, sin nada palpable o prueba alguna que demostrara ese hecho, — Entiendo, en ese caso seguimos siendo paisanos, el legado de un País destruido. — comenté — ¿Ósea nuestro lazo es débil? — pregunté para soltar una pequeña risa ante la broma.

Aquel nuevo País donde estaba viviendo me había cambiado un poco, me había hecho más humana, pero cuando trabajaba seguía siendo una máquina, logré controlar mis emociones al punto de separar la parte laboral y la parte social en un instante, pudiendo tornarme completamente inexpresiva o sociable. Las ventajas de la lectura y las practicas que había tenido en aquel lugar, tal cual el cambio de conversación, ahora hablábamos de negocios por así decirlo, el muchacho tenía intereses en aquel lugar, los suficientes para tener premura en nuestra partida. Eso me sorprendió un poco así que prestaría mayor atención a las palabras que este me transmitía.

— No tengo problemas, podemos partir ahora mismo, ya tenía todas mis cosas conmigo, mi vida de vagabunda y trotamundos me enseñó a estar preparada para escapar cuando la situación lo ameritara. — aclaré en ese momento, por otra parte las advertencias que el muchacho me estaba haciendo sobre el lugar al que visitaríamos eran bastante contundentes, aquel lugar no parecía un buen sitio para ir de compras, tampoco un lugar tranquilo para reposar o hacerse los héroes. — Entiendo, gracias por la advertencia.— comenté para dar un leve suspiro mirando toda la bebida desperdiciada en la mesa.

— Soy su compañera, como su prima o su hermana menor, no atacaré a nadie sin que usted lo pida, no mataré a nadie sin que lo digas. — confesé en ese momento encogiéndome de hombros, — Aunque si te atacan o me atacan, ahí la cosa cambia y si tendría que tomar serias medidas contra nuestros enemigos, sin importar las consecuencias. ¿Habría problema con eso? — pregunté sacando dinero del bolsillo para colocarlo sobre la mesa, eso demostraba que estaba lista para partir si no tendría inconveniente alguno el mercenario, un nuevo sitio de estudio, estaba ansiosa por ver que nos deparaba nuestro viaje en aquel lugar.
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#9

Mensaje Alice08 Jun 2020, 03:47


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Re: Dos Jinetes del Apocalipsis


Rió de manera natural y sincera ante el comentario humorístico de Alice, pues le había devuelto la moneda con la que él le había jugado anteriormente, haciéndose la víctima ante sus palabras fácilmente manipulables. A fin de cuentas podían decir muchas cosas sobre el pecaminoso destino del País del Viento, pero la verdad era que, sin importar en qué tanta ruina el mismo se encontrase, entre ellos eran el constante recordatorio de sus raíces. Quizá por eso no se le hacía insoportable trabajar con la joven, más allá de su fuerte actitud y paulatinas ideas caóticas. Así como cuando se juntaba a hablar de nada con Jetto, un poco se sentía lanzado atrás en el tiempo, a los viejos días de calor y aire seco. Por un instante se imaginó nuevamente en una de esas tabernas poco aseadas, donde la arena nunca deja de estar presente sobre la barra, y uno debe tener cuidado para no llevarse a la boca un gran grumo de la misma en vez del maní que solía pedir con la cerveza. Y más allá de su travesía, seguía siendo capaz de prestar atención a la muchacha. Porque claro, indiferente de su minoría de edad, su sangre seguía encajando en aquel memorable ambiente.

Wow, ¿un plan de escape constante? Casi me recuerdas a mí cuando tenía tu edad —sonrió sin temor a lanzar un comentario de viejo—. La diferencia es que yo nunca tuve la capacidad de destruir la mitad del poblado del que intentaba escapar —acotó con una sonrisa, y se acomodó el traje sobre sus hombros, separando la espalda de la silla—. Según escuché en Ame es común que se revelen primos, o hermanos, así de la nada, por casualidad del destino. ¿No te habrán pegado un poco de eso en tu estadía allí? —rió levemente, y actuó cara de asombro— Ahora resulta que siempre habíamos sido primos, y mis difuntos padres eran en realidad renegados de la arena —complotó en un susurro sospechoso, entrecerrando los ojos, antes de relajar el rostro en una sonrisa. La verdad detrás de la máscara de bromas, era que el comentario de la muchacha le llegaba un poco al corazón. Un poco más de lo que gustaría, incluso. Sus lazos eran finos no por accidente, sino porque temía hacerse dependiente de los mismos. Tras Mitsuki aquella necesidad de independencia —o más bien soledad- había menguado, mas nunca desaparecido.

Por su parte supuso que el vaso de agua sería de la llave, y por ende gratis. Aun así, para salir de la duda, dejó un montoncito de monedas sobre la mesa. En el peor de los casos, serviría de propina para la mesera que había tenido que limpiar el desastre que su emotiva compañera había logrado.

Y sí, la defensa propia no sería un problema —respondió de modo algo tardío a la duda de la chica—. Aunque, que yo sepa, los conflictos son extremadamente escasos. La gente sabe en lo que se mete.

Tras explicar aquello se apartó de la mesa, sin perder del todo sus preocupaciones. Lo que más le inquietaba era el poder que sabía que Alice poseía, y la confianza que eso seguramente le daría. Como bien dijo, el hombre más buscado del mundo muy probablemente frecuentaría sitios como Kurebasu, y en esos momentos, el más buscado, era aquel a quien ella le había jurado venganza. La cara responsable de la ruina de su pasado. Akira tampoco le tenía ningún aprecio al infame Kohaku por haber puesto su país patas para arriba. Y ahora que ella soltaba su fugaz hipótesis, algunas cosas comenzaron a cobrar sentido en la cabeza del peliverde.

Vamos entonces —dijo en voz alta, sin querer, para despertarse a sí mismo de sus ideas—. Nos espera un largo camino, así que lo mejor será conseguir algo de transporte. Corre por mi cuenta, ya que eres mi invitada —finalizó, antes de guiarle el paso con su brazo extendido para dejarle salir primero del recinto. Tras ello, buscaría a algún tipo hambriento de dinero con una carreta y algún par de mulas en su posesión, para hacerles de fiel transporte hasta el distante País de la Tierra.

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#10

Mensaje Akira Matsuda08 Jun 2020, 07:07


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