Hilando Fino

Búsqueda — con Mitsuki

La zona del País de las Aguas Termales invita a sus visitantes a pasar tiempo en la calidez de sus aguas y el contacto con la naturaleza. Al contrario de su contrincante (El País de las Cascadas), este país buscó la explotación de sus aguas termales naturales, industrializando un poco más su territorio. Ubicado al este del País de los Campos de Arroz, se pueden encontrar grandes casas de aguas termales en toda su extensión, variando la calidez de ellas según se acercan al centro del país. En este sitio, podemos encontrar la capital del mismo llamada Netsuretsu na Ike (Estanque ferviente), donde se halla la pileta natural más grande y cálida del territorio. Se dice que antaño, este lugar era hogar de la mayor cantidad de geisers del continente, pero luego del paso del tiempo, las aguas termales tomaron su lugar, creando este maravilloso paramo de relajación natural. Sus habitantes viven principalmente del turismo, aunque se dice que las aguas de este territorio, podrían llegar a curar a aquellos que encuentren los estanques sagrados, aunque según comentan los mismos habitantes, esto es solo una trampa atrapa turistas. O no.
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Re: Hilando Fino


Mitsuki negaría levemente con la cabeza, manteniendo una sonrisa en su rostro. — No tienes porqué disculparte. — Aseveraría, sabiendo que era una reacción normal si es que era la primera vez que se topaba con shinobis en su camino. Para suerte de todos, el camino seguiría tan apacible como en un inicio. Lo que al principio le preocupó debido a la inclinación, posteriormente le aliviaría de ver cómo esta descendía, logrando divisar una ladera pronunciada tras un bosque aparentemente extenso.

Lo que sí le disgustó fue el olor que saldría en lo alto, mucho más potente que en el resto del trayecto. No podría evitar llevar ambas manos hacia su vestido, levantándolo levemente a medida que agachaba su torso, con el fin de taparse lo más posible el rostro. Dejaría solamente sus ojos visible, y a pesar de su esfuerzo, igualmente podría sentir el hedor. Y con la explicación de Fuji, la rubia entendería bien el porqué la mayoría de los turistas no deseaban acercarse mucho más hacia Kinosaki.

Desviaría su mirada esmeralda hacia donde apuntaba la nieta, notando los árboles que allí descansaban. Retuvo el primer nombre que la joven daba, para luego coincidir con el otro apodo que normalmente se le otorgaba. No era para menos, con un olor tan insípido y penetrante, era lo menos que podían ponerle a la curiosa montaña. Y finalmente, Mitsuki podría hacerse una idea con la descripción que la muchacha daba. Sonaba como a un poblado más tranquilo que cualquiera que hubiese recorrido antes.

La pregunta del anciano haría que observase nuevamente a Fuji, despertando igualmente curiosidad en la joven Kita. Y tras ello, la rubia se mantendría igualmente en silencio. Sus orbes se enfocaban en apreciar la belleza del paraje que se abría por delante, bajando tras un tiempo, la cantidad de árboles que se veían por los costados. En cambio, el lugar comenzaría a mostrar diferentes campos de cultivo, dándole color y nuevas vistas a la joven kunoichi. No solamente era la vista, sino también el olfato lo que agradecería la tregua que el potente hedor daba, dejándole continuar sin tener que cubrirse. Aún así, observaría cada tanto hacia sus espaldas y por los costados, siempre notando si alguien se encontraba muy cerca o podía divisar algo que les siguiese oculto.

De encontrarse con personas, igualmente observaría las características de estas. Hasta ahora todo parecía mantenerse tranquilo y sin mayor inconveniente. Ya notaba las primeras construcciones sobre su horizonte, lo que indicaba que se encontraban cerca.
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#41

Mensaje Mitsuki Kita26 Abr 2020, 00:59


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Hilando Fino -14:37 p.m.


La chica sonrió hacia Mitsuki, aún extrañada de estar hablando con una completa desconocida, que sabía que era la misma persona. Su pequeña cabeza campesina no era tan moldeable con ese tipo de circunstancias y quizá le tomaría algún tiempo hacerse a la idea que seres humanos realmente tenían habilidades como esas.

Por un buen rato rumió sus propios pensamientos hasta la última pregunta del canoso, que la dejó perpleja por un momento. Y luego de considerarlo algunos momentos y aún sin estar segura de la respuesta, ofreció todo lo que sabía; que no era demasiado, quizás, para el interés del mercenario.

Yo no se de esos escapes —se excusó—, pero por el lado de la vía principal, en ocasiones, una bruma tibia cubre toda la zona, la montaña y el lago. ¿Quizás se trate de eso que mencionas?

Luego de dejar atrás la montaña el sol nuevamente visible en el cielo proyectaría sus rayos sobre los jinetes y sus monturas sobre el camino. Akira, que estaba pendiente de su ubicación en el espacio, no dejaría de notar que la sombra del convoy tenía cierta tendencia hacia el frente. Hacia el mismo pueblo. Pero sería complicado estar seguro por las subidas y bajadas del camino, que si bien no eran pronunciadas como las de la montaña que acaban de pasar, si lograba distorsionar esa única pista. Además, apenas pasado el medio día, no era tan fácil guiarse con el astro rey.

Tanto él como su compañera estaban pendientes de los transeúntes que a medida que se alejaban de La Eucalipta se habían vuelto más y más frecuentes. Algunos, incluso, saludaban amigablemente y por nombre a la chica, y a ellos por proximidad con tosca amabilidad. "Buenas" o "buenas tardes", era todo lo que recibían a diferencia de su guía.

El aroma hostigante cedió hasta cierto punto, suficiente para respirar con normalidad. A medida que se acercaban al pueblo dejó de variar y se mantuvo en el fondo de sus percepciones nasales. Apenas lo suficiente para notarlo si no estaban ocupados con otras cosas.

Un cuarto de hora más tarde se encontraban en la entrada del pueblo.

¡Llegamos! —exclamó emocionada la campesina, a sus dos acompañantes—. ¿Ven la posada junto a la primera calle?

Se giró para verlos, mientras les señalaba una rústica construcción de rocas y madera, con una acomodación principal del costado izquierdo, de tres pisos, con tejas de barro y pequeños jardines en las ventanas. La construcción se prolongaba hacia el costado derecho, ofreciendo un arco de entrada hacia lo que parecía ser un patio interior.

¡Ese es el tesoro familiar! —exclamó, sin poder ocultar el orgullo en su voz—. Posada, La Costurera.

Avanzó rápidamente, azuzando a su yegua hasta el lugar señalado. Se apeó de un salto y guió al animal a través del arco hacia el patio del lugar. Con una mano hizo señas a los dos shinobis disfrazados que la siguieran, aunque se abstuvo de gritar —como habría sido su primer impulso—, pensando en aquel plan que le había comentado antes el pelinegro.

Si optaban por hacerle caso, se encontrarían con un amplio espacio descubierto y adoquinado, con un largo abrevadero al costado derecho. Detrás del mismo un pequeño establo, suficientemente grande para cinco o seis caballos. Aunque no había ninguno en ese momento. El resto del patio constaba de un jardín de diversas flores hacia el fondo, cerrado por un muro de un par de metros de altura, y un balcón del costado izquierdo que tenía varias puertas cerradas.

En una silla mecedora, al final del balcón, estaba sentada una mujer acuerpada de mediana edad, de cabellos castaños y lisos, gesto recio y un importante parecido a Fuji en las facciones de su rostro. En sus manos un par de agujas se movían rápidamente, tejiendo lo que parecía ser un sueter.


Concepto visual: Posada, "La costurera".Mostrar
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#42

Mensaje Shin26 Abr 2020, 08:54


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Re: Hilando Fino


El campesino de avanzada edad asentiría y se rascaría su elegante marmolada barba de mediano volumen, en respuesta a la información que Fuji le compartía. La joven demostraba ser bastante analítica incluso en aquellos temas que desconocía, pudiendo conectar aquel hito natural que de seguro tomaba por sentado, con otros fenómenos en las cercanías. Sin duda un aporte a tener en cuenta, y alguien que valía la pena ayudar al paso durante su cacería.

En el tramo final del trayecto, se limitaría a saludar a la gente con un ademán de la cabeza, o un ligero "buenas" apenas ronco. Se mantendría firme detrás de la joven, levemente a su derecha, y en cuando su montura acelerase el paso, naturalmente las yeguas alquiladas tenderían a hacer lo mismo tras seguir su guía durante todo el viaje. Akira aflojó las riendas, incentivando tal albedrío por parte de su equino, para llegar a la fachada del gran umbral de piedra. La Costurera era tenía una imagen admirable. Pintorescos y empinados tejados llamaban la atención a la distancia, seguidos del cálido patrón de casuales maderas sobre el concreto de las paredes. La base de piedra cuidaba la estética general del barrio, y desde temprano comenzaba a dar un aire a vida simple y relajada. Antes ingresar a la plaza interior de la posada, el mercenario se bajó por el lado izquierdo de su caballo, y sostuvo la rienda única y larga del mismo con la diestra. Tendería su mano libre en dirección a Mitsuki, ofreciéndole un punto de apoyo para no tener que renegar con su vestido al descender. Una vez ambos con los pies en la tierra, avanzaría a pie guiando los pasos del animal hacia el interior. Imaginó que deberían dejarlos en el establo, por lo que en esa dirección se encaminó a menos que le indicaran lo contrario.

Realmente es un tesoro —comentaría Akira en voz suave, asegurándose que la misma no se extienda más allá de las paredes que les rodeaban.

Una sonrisa le acompañó al hacer un paneo de las caras interiores de la posada, viendo en el acto una mujer disfrutando del buen día en un extremo de un balcón. De cruzar miradas con la dama —que aparentaba ser la madre de Fuji, y por tanto hija de la señora Aratani- le saludaría elevando una mano y asintiendo levemente, que era más o menos lo que venía haciendo durante los últimos quince minutos.

Fuji-san —se dirigiría a la muchachita una vez solucionado el tema de los animales—, me gustaría hablar con su madre para comentarle nuestro propósito aquí, y que de paso nos cuente lo que pueda sobre estos gitanos.

No había podido ignorar el hecho de que nadie pareció mostrarse antipático ante su guía en el pueblo, y quizá se debía a que aquella familia no vivía exactamente en Kinosaki, o bien no en esa misma zona. Además no sólo necesitaba encontrarlos, sino también una excusa para ofrecerles sus servicios. También podía investigar por su cuenta, y guardarse aquella carta en caso de que los gitanos se metieran en sus asuntos.
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#43

Mensaje Akira Matsuda26 Abr 2020, 22:22


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Re: Hilando Fino


Avanzando, notaría que el sol parecía hacerse cada vez más partícipe en su trayecto. A medida que lograban alejarse de aquel olor incómodo, Mitsuki iría sintiendo mayor tranquilidad y podría concentrarse de mejor forma en el paraje. Saludaría a las personas que comenzaban a ser cada vez más frecuentes, notando que ya debían estar llegando a destino, a juzgar por la cantidad de conocidos que la campesina poseía.

Ya llegados a la entrada del pueblo, escucharía la exclamación que Fuji realizaría, para mostrar en la primera calle la construcción que llevaba el nombre de La costurera. A medida que avanzaban, Mitsuki contemplaría su fachada pintoresca, utilizando piedra y madera de una forma que jamás había visto. Y claro, estaba acostumbrada a las colosales y modernas edificaciones que Goshikku ofrecía, por lo que el campo y sus viviendas eran algo completamente nuevo para la rubia. Y ya frente al arco para ingresar al patio interno, notaría que el anciano bajaba de su caballo para posteriormente acercarse a ofrecerle una mano de apoyo con el fin de que ella igualmente descendiera. Sonrió, estirando su diestra para bajar con cautela, teniendo cuidado con su vestido.

Tomaría las riendas de su yegua con la otra mano, ingresando a la siga de Fuji hasta el interior. Allí, seguiría a la jovencita para posicionar de la mejor forma el caballo dentro del establo, observando posteriormente las hermosas flores que se encontraban al fondo. Finalmente repararía en la mujer que se encontraba sobre una silla mecedora en un balcón por el lateral izquierdo de la rubia, notando las facciones similares que poseía con la de chaquetón. Tejía con ávida destreza, pudiendo asumir que era la que probablemente fabricaba los ropajes que mandaban al local de Aratami.

Realizaría una ligera reverencia, para luego acotarse a las palabras que su pareja mencionaría hacia la jovencita. Y aguardaría, esperando que les presentase a su madre, y posteriormente iniciar con el plan. ¿Estarían los gitanos cerca de la posada? Lo desconocía. Podrían encontrarse vigilando en algún punto ciego de momento, por lo que debían tener especial cuidado con la forma de comportarse y el tono que utilizarían.— Es una muy linda casa, Fuji-san. — Expresó, no pudiendo evitar sentir aquel detalle hogareño que escaseaba en su país natal.
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#44

Mensaje Mitsuki Kita02 May 2020, 18:47


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Hilando Fino - 14:45 p.m.


La campesina no reprimió una sonrisa ante el elogio de su invitado, dejando ver por su gesto lo significativo que era para ella ese lugar y, quizá, lo que representaba. Asintió, simplemente, sin añadir petulancia a su orgullo.

Fuji desensilló su yegua una vez la guió hacia el establo y la dejó acercarse al abrevadero a beber a sus anchas mientras la pareja hacia lo propio con sus equinos y estudiaban en lugar con interés.

Pueden dejarlos libres aquí dentro —informó, señalándoles una pequeña puerta a un costado del establo, que permitiría cerrar una vez hubiesen salido, para evitar la salida accidental de alguno.

La mujer al final del balcón observó atentamente el ingreso de los desconocidos con su hija. Quizás alguno de ellos podría notar un leve gesto observador y el hecho de haber detenido el movimiento de sus manos para investigarlos. No obstante, elevó el mentón y asintió ligeramente ante el gesto de saludo del anciano, relativamente tranquila al ver la familiaridad con que su hijas los había guiado al interior.

Cuando los caballos estuvieron libres y bebían a sus anchas, el mercenario se adelantó a expresar sus intenciones hacia la menor, que sonriendo ampliamente asintió en su dirección y con un gesto de la cabeza les indicó que la siguieran hacia donde estaba su madre.

¡Por supuesto! —exclamó ella—. Les ayudará en lo que necesiten tan pronto se entere de quiénes son y la amabilidad que mostraron con mi nona y conmigo.

Empezó a caminar hacia su madre, extendiendo el brazo derecho hacia arriba, en toda su extensión y agitándolo de lado a lado como si la otra no la hubiese visto entrar minutos atrás.

¡He regresado, amá! —exclamó sin disimulo de ningún tipo—. Traje dos amigos de la capital.

La mujer sonrió de medio lado y alzó un poco la mano izquierda hacia ella, sin soltar la aguja.

¡Lo se! —voceó entusiasmada la chica, girando su rostro hacia Mitsuki, con una sonrisa de oreja a oreja—. Es la posada más bella del pueblo.

Claro, olvidaba mencionar que era la única posada en Kinosaki, pero esos detalles no parecían mermar su buen estado de ánimo.

No tardaron más que algunos segundos en llegar frente a la silla de la progenitora.

Buenas tardes, amigos —se adelantó la mayor.

Amá, la nona los invitó a almorzar. Encargaron un sombrero y me escoltaron hasta acá —resumió Fuji con la mayor simpleza—. ¡Son ninjas, amá, ninjas de verdad! Y quieren ayudarnos con el asunto de los gitanos.

Chinatsu, que así se llamaba la mujer, abrió los ojos con sorpresa y desvió su mirada hacia los dos campesinos ante sus ojos, con gesto de incredulidad. Podría jurar que eran un par de granjeros de las fincas del este; pero las palabras de su hija expresaban algo completamente ilógico a sus oídos.

#45

Mensaje Shin02 May 2020, 21:31


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Re: Hilando Fino


Habiendo dejado a su yegua en el generoso confinamiento ofrecido por la joven Fuji, Akira siguió los pasos de esta última hacia un muro interior de la posada, donde se encontraba el balcón custodiado por quien parecía ser su madre. Avanzó junto a Mitsuki, posando la siniestra con gentileza contra la espalda alta de la muchacha, fijándose en detalle por primera vez la apariencia que ella había tomado. Mientras él había optado por una figura totalmente distinta que no diera ni la más mínima oportunidad de confundirlo por su yo real, ella había mantenido algo de su esencia, con un rostro tan dulce como siempre, y ojos igual de llamativos. Por un momento imaginó que así podría haberse visto de haber nacido en el lecho de una familia más humilde y con menos problemas, en vez de en la cima del País de la Lluvia.

Llegado frente a la dueña de hogar, Akira realizó una reverencia de torso completo, mostrando sus respetos ante la progenitora de la chica recién escoltada. Asintió ante las palabras de ella con una sonrisa sincera, pues no dejaba de causarle gracia la emoción que Fuji ponía en cada una de sus oraciones. Le dio tiempo a expresarse por completo, y en cuanto termino, habiendo captado la indirecta de la señora, optó por presentarse. Si veía una intención de hablar por parte de la rubia, le dejaría emitir palabra a ella primero, para luego hacerlo él.

Matsuda Akira, mucho gusto —no dudó en anteponer su apellido, pues si algún día su retrato a mano alzada terminaba en los afiches de buscado, prefería que estuviese bien escrito. Entendía por otra parte si su pareja se inventaba algo al paso, o simplemente se limitaba a su nombre de pila. Después de todo cargaba con mucho más significado que un nómada caza-recompensas como él.

Al notar la mirada inquisidora de la dama, el mercenario miró a ambos lados corroborando que no habría ningún trabajador en las cercanías que pudiese esparcir el chisme. Juntó dos dedos en una cruz, y así canceló la técnica de transformación que le mantenía disfrazado. El mero cambio de apariencia, sumado a la cantidad de armas que colgaban de su atuendo, debería ser suficiente para calmar las dudas de la señora.

Efectivamente, como muchos antes que yo, estoy en busca de la dichosa aguja —hizo uso del poco conocimiento compartido por la anciana—, y tenemos entendido que una familia particular ha estado haciéndole la vida imposible por años, por culpa de este objeto. Mi intención es hacerme pasar por alguien que trabaje para ellos, obteniendo su información y convenciéndoles de que ustedes no tienen nada que ver con aquella obsesión. En el mejor de los casos, una vez termine aquí, abandonarán Kinosaki.

No mencionaría el peor de los casos. Muchos creerían que sería no encontrar la legendaria aguja, pero realmente no permitiría que aquello concluya en un status quo. Si se iba de allí con las manos vacías, sería acabando de un modo u otro con aquellos que irrumpían la paz de aquella familia.
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#46

Mensaje Akira Matsuda06 May 2020, 01:13


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Re: Hilando Fino


Tras bajarse, dejaría al equino dentro del lugar designado, tal y como indicaba Fuji. Por un lado se alegró que los caballos pudiesen caminar en libertad, siendo ese un paraje bastante adecuado para ellos, algo muy distinto al sitio donde solían albergar a los suyos en Goshikku. Y tras dejarlos libres, el trío se dirigiría hacia el interior de la morada, guiados por la joven campesina.

La amabilidad y entusiasmo inocente que Fuji expresaba le dejaban cierto aire de tranquilidad y calidez a la rubia, algo que le agradaba. Haría una ligera reverencia al ver el saludo que la joven campesina manifestaba hacia la mujer que continuaba tejiendo, quien devolvería con un gesto ameno. Y caminaría tras la muchacha junto a su pareja, sintiendo su siniestra posarse en la espalda por unos momentos, ante lo que le observaría con una sonrisa. Llegarían finalmente para quedar frente a la mujer. — Buenas tardes. Soy Mitsuki, encantada. — Se adelantó a presentarse, escuchando posteriormente el resumen que su hija le brindaba. No esperó que revelase tan pronto sus profesiones, mas no era algo que le incomodase.

Pudo ver la expresión de sorpresa en el rostro de la mayor, y tras devolver su mirada hacia el mercenario, entendió el porqué. Seguían con el henge puesto, así que lógico que no creyera en una joven campesina y un anciano. Akira se presentó igualmente, para deshacer el henge una vez hubiese corroborado que nadie se encontraba merodeando en las cercanías. Mitsuki haría lo propio, también cambiando su apariencia por la real, aquella en la que los cabellos castaños se perderían en hebras doradas y con vestimentas más elegantes de lo que su transformación ostentaba.

Se mantendría callada mientras el peliverde mencionaba el objetivo de su presencia en aquellos lares, dictando de forma clara y precisa el beneficio que podría obtener la familia, así como el que podrían obtener ellos. Y una vez el mercenario concluyese, la joven Kita agregaría. — Su familia ha demostrado bastante amabilidad con nosotros, por lo que quisiéramos igualmente retribuirles en que vuelvan a conseguir la paz que hace años tengo entendido que perdieron. Si pudiese ayudarnos con información de ellos, sería de mucha utilidad. — Musitó, finalmente aguardando la respuesta de la mayor. Ya sea dónde se alojaban, cuántos eran, si poseían algún tipo de habilidad que hubiesen podido apreciar, todo aquello sería de utilidad para un encuentro futuro.
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#47

Mensaje Mitsuki Kita31 May 2020, 19:08


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Hilando Fino - 2:48 p.m.


La presentación de los recién llegados contribuyó aún más a la incredulidad de la dueña de casa, contrastando el aspecto de ambos con las palabras de su hija. No sólo tenían un aspecto bastante común —segado por la vestimenta de campesinos, quizás—, sino que la diferencia de edades le hizo pensar inicialmente en padre e hija, lo cual sugería una historia diferente en su mentalidad pueblerina simple y chismosa.

Muy agradecida por su amabilidad. Chinatsu es mi nombre, a su servicio —replicó ella, asintiendo distraídamente con la cabeza. Se adelantó un poco en su asiento sin soltar las agujas—. ¿Mija, les ofreciste ya estadía en la casa?

Aunque contagiada por las maneras respetuosas de ambos visitantes, se evidenciaba su falta de naturalidad con los formalismos citadinos. Para ellos era más importante la hospitalidad que las palabras bonitas, por lo que sus intenciones se dividieron en esa dirección. Más allá de si era cierto o no, habían prestado un servicio a su hija y a su madre, allá en Shinzō; por lo que lo mínimo que podía hacer por ellos, era asegurarles la estadía en el pueblo.

Aún no, amá —dijo la chica, avergonzada. Probablemente no se le había ocurrido hasta ese momento—. ¡Justo iba a hacerlo ahora! —aventuró y luego se giró para hablarle a la rubia—. Tenemos habitaciones disponibles, si quieren quedarse con nosotros. ¡Es una posada, al fin y al cabo!

Lo que no se esperaba la mayor, sin embargo, es la pequeña trasformación inesperada que se dio ante sus ojos: él primero y ella después. La nueva visión de los huéspedes, contrastado con una completa falta de asombro por parte de su hija, fueron la carta final en la declaración inicial: Fuji no mentía. La técnica en sí misma no era tan espectacular; a diferencia de su hija, había tenido contacto con ninjas en su juventud. La memoria le hizo sonrojar, aunque tan sólo por un instante, y pronto se desvaneció el tinte de su expresión.

Contrastó las palabras del peliverde con su estampa de aventurero mientras él manifestaba sus intenciones. Asintió en reconocimiento cuando habló del famoso artefacto, sin esforzarse por disimularlo. Si su hija y su madre habían confiado en ellos hasta el punto de soltarles tanta información, no necesitaba preocuparse ella misma con los detalles.

¡Eso, sería estupendo, señor Matsuda! Tanto, que no me lo puedo imaginar —aseguró con tono un poco más sosegado—. Convencerlos de eso, de otro lado, no será tarea sencilla. Es una tara de varias décadas, lo sabe, ¿no?

A pesar del realismo en sus palabras, no lucía decepcionada o amargada. Parecía interesada en lo que decían y parecía calcular posibilidades en su mente. Eran años de considerar mil y una opciones de deshacerse de los gitanos de una u otra forma y aunque estaba cansada de luchar, aquel par bien podía ser la diferencia entre el fracaso de siempre y un nuevo horizonte.

Entiendo, señorita Mitsuki, entiendo —concedió y finalmente se puso de pie—. Pasen, por favor, tomen asiento. Descansen un poco del viaje. Hablaremos al calor de un te, o un café si lo prefieren...

Dejó espacio para la respuesta de cada uno. Con un gesto de su cabeza indicó a su hija que se encargara de las bebidas, una vez supieran que deseaban los nuevos amigos de la joven. Aquella desaparecería tras una de las puertas del pasillo, algunos metros más atrás, mientras Chinatsu guiaba al mercenario y a la dama hacia un par de poltronas que completaban el mobiliario del agradable balcón.

Conseguir trabajar con ellos no será nada fácil —dijo entonces, cuando se hubiesen sentado—. Es una buena idea, pero no será fácil. Los gitanos son un grupo muy cerrado y territorial. ¿Conoce algo de ellos?, ¿de su cultura en general? De no ser así, lo mejor sería intentar una aproximación diferente...

La mujer hablaba con firmeza y determinación. Aparentemente prefería ir al grano, que perder tiempo con charlas superfluas y de pasillo. Eso demostraba muchas cosas de su carácter en general.

#48

Mensaje Shin01 Jun 2020, 01:29


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Re: Hilando Fino


Las interacciones de Fuji tanto con su madre, como con su abuela tiempo atrás, lograban robar una sonrisa algo más acentuada en el ya normalmente gentil rostro reposante del mercenario. La joven tenía una energía encomendable. Quizá se debía meramente a su edad, dejando en evidencia las tantas lunas que ya habían volado sobre el peliverde, quien daba más prioridad a respirar con tranquilidad antes de llegar rápido a cualquier sitio. Fue así que dirigió aquella sonrisa ya presente hacia la muchacha, como agradecimiento por su invitación. Por su parte dudaba que la misma se concretase, ya que cuanto más le viesen en aquella posada, más se complicaría su labor. No dudaba en que Mitsuki aceptaría gustosa, sin embargo.

Dejaría que madre e hija se desenvolviesen en su hogar como habituaran, asintiendo con la cabeza en las primeras instancias donde se le dirigía la palabra, pero sin querer corromper la escena, procurando alcanzar cuanto antes un punto más cómodo de íntima conversación. El mismo arribó en forma de cómodos sillones individuales, en los cuales acompañarían a la dama del hogar. — Un té está bien —comentaría al paso el mercenario al ver a la chica marchar hacia, probablemente, la cocina. Acostumbraba a beber café, pero algo le decía que la gente de campo lo haría mucho más potente de lo que él acostumbraba.

Comprendo, y lo espero —contestó a Chinatsu, reposado contra el respaldo alto completamente, y apoyando el tobillo derecho sobre la rodilla contraria—. No soy un experto en su cultura, pero he viajado por el mundo, y algo conozco de ellos. Tengo entendido que son sumamente desconfiados para con los extraños, y tercos además. El punto es que no intentaré acercarme realmente, sino dejar que la propuesta venga de ellos. Como un mercenario, una espada en renta, y no un aliado. Imagino que la información que me darán de dicho modo será muy limitada, pero eso me basta.

Tenía suficiente experiencia haciendo el trabajo sucio de la gente, como para saber que generalmente terminaba enterándose demasiado sobre lo que barría bajo la alfombra el cliente, por más que éste no quisiese hablar de ello. Normalmente los detalles no le importaban, y prefería hacer la vista gorda para ahorrarse problemas a él mismo, pero en este caso los cabos sueltos serían su real objetivo.

Lo que necesito saber, además de dónde encontrarlos, es específicamente qué mal le han hecho a su familia. Hasta qué límites se han atrevido a llegar. En palabras simples, qué tan malvados son.

El mal es algo tan subjetivo, que una cuestión como aquella podía tener demasiadas interpretaciones. Sin embargo, desde el punto de vista de una madre cuya hija viajaba sola a la capital de ida y de vuelta, y que además debía llevar a flote un emprendimiento familiar como lo era aquella posada, seguramente tenía una visión muy definida al respecto. Para los propósitos de Akira, le convenía que esos gitanos fuesen la peor escoria posible.
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#49

Mensaje Akira Matsuda01 Jun 2020, 05:39


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Re: Hilando Fino


Mitsuki esbozaría una sonrisa, asintiendo ante el ofrecimiento que la mujer realizaba, siendo corroborado y finalmente consultado por Fuji hacia ellos. — Muchas gracias, Fuji-san. Estaremos encantados de aceptar la propuesta. — Se dejaría llevar por la primera imagen que su mente manifestó, aquella en la que disfrutaban tranquilamente de esos hermosos parajes que el sitio ofrecía. Pronto volvería a la realidad, sabiendo que probablemente aquella invitación no se concretaría, aunque en el fondo continuaba con la ilusión de que, aunque fuese por una noche, podrían cumplirlo.

Asentiría a las palabras de la mayor, quien se había presentado como Chinatsu. Caminaría junto a su pareja, guiada por ella mientras escuchaba la respuesta de Akira. — También un té, por favor. — No acostumbraba a beber café, por lo que su respuesta era casi obvia. La del peliverde, sin embargo, le sorprendió. Quizás desease cambiar un poco el sabor, aunque no era algo que debiese preocuparla. La elección de una bebida era tan superfluo que no merecía preguntarle por ello. Observaría a Fuji desaparecer para concretar el encargo, llegando ellos a un cómodo sitio de la casa donde podrían sentarse a conversar más tranquilos y cómodos.

Mitsuki tomaría asiento junto al mercenario, arreglando su vestido para quedar erguida, escuchando la conversación que ambos poseían. Atenta, intentaría analizar lo que la madre de la joven campesina decía, yendo directamente al meollo del asunto. No inmiscuiría sus conjeturas al inicio, pues poco conocía de aquellos que llamaban gitanos. Había escuchado una que otra vez el nombre, pero desconocía casi por completo sus costumbres o cómo se movían. Para su suerte, su pareja poseía una vasta experiencia viajando y conociendo diversas culturas, por lo que parecía entender lo suficiente como para atreverse a intervenir junto a sus servicios. Lo que no terminaba de entender era el papel que ella podría desempeñar, algo en lo que se dedicaría a pensar a medida que la conversación avanzaba.

Además del lugar, estaba claro que la siguiente pregunta de Akira podría darles una pista de qué tanto esperar por parte de los gitanos. Por lo que había escuchado de parte de la anciana y Fuji, parecían ser seres peligrosos. Ahora más reafirmaba este pensamiento debido a las precauciones y determinación que Chinatsu mostraba en el asunto. — ¿Tienes pensado ir solo en el primer acercamiento, Aki? Si es así, podría ir a una distancia prudente y con henge, para vigilar si existe algún peligro. — Musitó, dirigiendo su mirada hacia el peliverde. No se le ocurría otra forma de ayudar en el inicio, pues sabía que su apariencia y su experiencia podría dejar al descubierto el plan del mercenario.
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#50

Mensaje Mitsuki Kita07 Jun 2020, 23:49


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