Donde duerme el Diablo

Hundido en una gran grieta de las planicies del País de la Tierra, se esconde un mercado de diversos bienes y servicios que escapan al marco de lo legal. Intercambio de objetos robados, encargos de dudosa moral, cobranza de recompensas, y hasta compra y venta de esclavos. Todo nicho tiene lugar en el mercado negro de Kurebasu. El orden se mantiene por una estricta ley de pena de muerte, impuesta por el señor del mercado ante cualquiera que ose atacar a otro habitante.
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Donde duerme el Diablo


País de la Tierra, Mercado Kurebasu
62 de Invierno del año 148
19:14 PM

¿Qué era lo que se respiraba en el aire? Peligro. Sí, sin lugar a dudas eso era. Y es que cualquiera que lograse reunir el valor suficiente como para adentrarse en aquel sombrío submundo jamás podría librarse del todo de la necesidad de vigilar constantemente su espalda, cauteloso de evadir cualquier posibilidad de acabar lamentando, hasta el último aliento, el momento en el que puso un pie en aquel lugar. No cabía duda de que a lo largo de los años muchos debieron correr tal nefasto destino, bien por meter sus curiosas narices donde no les llamaban o, sencillamente, guiados por la traicionera diosa de la mala fortuna, más así era el Mercado Kurebasu. Alto riesgo y alta recompensa.

Entre el inconfundible sonido de la elevada actividad "comercial" que allí se llevaba a cabo y que resonaba incesante entre las paredes de la grieta que daban cobijo a semejante nido de infamia, una figura encapuchada se abría paso entre el gentío y las abarrotadas tiendas que se aglomeraban a cada rincón a la vista. Vestía un polar oscuro que cubría sus brazos, sobre el cual portaba una sudadera grisácea sin mangas cuya desgastada capucha proporcionaba intimidad a su rostro, pantalones oscuros y botas de montaña de la misma tonalidad. Lo más llamativo sobre su figura eran, no obstante, las dos espadas, una mayor que la otra, que llevaba enfundadas y cruzadas a la espalda, sin embargo dicho detalle casi lograba hasta pasar desapercibido entre las pintorescas pintas que de igual modo lucían muchos de los transeúntes del peculiar mercado.

El encapuchado detendría sus pasos frente a un establecimiento de piedra rojiza y desgastada ubicado a pocos metros tras tomar un desvío de la calle principal, cuyo cartelón de madera colgado casi de cualquier manera a un lado delataba como una simple y llana taberna; "El descanso del Diablo", según el mismo. Muy apropiado, sin duda. La figura alzaría posteriormente la mirada con tal de examinar, de forma desinteresada, la modesta edificación frente a él, proporcionando entonces los escasos rayos de sol que lograban penetrar en la enorme grieta de piedra en la que se encontraba una mejor visión sobre su identidad, caracterizada sobretodo en la cicatriz que cruzaba su cara justo por debajo de los ojos.


- Espero que esto valga la pena. — musitaría el azabache, únicamente para si mismo pues nadie más había a su alrededor, a la par que reanudaba la marcha y empujaba la puerta, que ya de por sí parecía caerse a trozos, en pos de ingresar al local. Lo que hallaría en el interior sería lo esperado; mesas dispuestas sin ninguna clase de orden aparente en las que reinaba el descontrol impuesto por aquellos que las ocupaban, comiendo y bebiendo carentes de todo rastro de modales, así como una sencilla barra ubicada al fondo tras la que el tabernero mantenía un ojo siempre despierto tratando de que la situación en su negocio no se descontrolara.

Racso, aún sin desprender la capucha de su cabeza, avanzaría hasta la barra donde se sentaría sin mediar palabra alguna, únicamente realizando un ademán al bigotudo tabernero cuando este quiso saber si pediría algo, indicándole mediante este que solo requería de algo de agua, una petición que pareció extrañar al hombre. Desde luego un vaso de agua debía de ser de lo último que se imaginaría que le encargarían servir en un lugar como aquel y con semejante clientela. Sin embargo el ladrón no había vuelto a aquel inmundo rincón del planeta solo para hidratarse en una taberna de mala muerte, tenía otros asuntos allí, asuntos que habían llegado a sus oídos no muy lejos del famoso mercado. Su olfato para los negocios rara vez le fallaba, por lo que apenas había dudado en concertar un encuentro con un viejo conocido con tal de conocer más detalles.

Así pues, la mirada del pelinegro no podía evitar el revisar por el rabillo del ojo cada cierto tiempo la entrada al establecimiento, esperando a alguien que por el momento se retrasaba. Su contacto nunca le había fallado antes, y esperaba que aquella no fuese la primera vez.

#1

Mensaje Racso21 May 2020, 19:44


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Re: Donde duerme el Diablo


¿Descansaba el diablo? Era algo que el dueño de aquel bar de mala muerte no se había planteado al ponerle el nombre. Lo que si estaba claro es que la vileza del mundo no daba descanso ni para beber un trago de agua. Los ojos de Racso pronto encontrarían una figura conocida en el caos anárquico de aquel local, en una mesa esquinada lo esperaba un hombre de capa y sombrero con una sonrisa que hasta el mismísimo Belcebú envidiaría. Era delgado, alto, de piel pálida, su pelo marrón estaba largo y dejado, bajo la sombra de su sombrero un vivaracho ojo de iris verdoso miraba fijamente al recién llegado. ¿El otro ojo? Parcheado. Sostenido por su sonrisa un cigarro se consumía lentamente al igual que la copa de Whisky con hielo que tenía, solitaria, en el centro de la mesa. La capa era marrón y tenía cuello, estaba entreabierta de manera que dejaba ver una bufanda roja, una camiseta negra y unos pantalones de un tono azul oscuro, en sus pies dos zapatos de cuero marrón.

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El auténtico Kayn "Mil Ojos", un mote que de manera irónica había adquirido por su innata habilidad para enterarse absolutamente de todo y cuando digo de todo, es de todo. Era un hombre respetado en los bajos fondos pues proporcionaba información de todo tipo a cambio de una pequeña comisión, no importa la información solicitada, el siempre la consigue. Eso si, no se conoce a nadie vivo que no le haya pagado su retribución. Kayn había conocido a Racso tiempo atrás, por casualidades de la vida le había proporcionado información de diferentes índoles y siempre había sacado buen provecho de sus encuentros por lo que el joven maleante le caía en gracia.

Hizo un guiño con el ojo del que disponía, aquello bastaría como señal para invitar a Racso a sentarse en la única silla libre de aquella mesa, de manera simultanea a dicho gesto el dueño del bar colocaría en la barra y a regañadientes un vaso de cristal con agua del grifo. Estaba acostumbrado a servir sin cobrar pues solía recibir un pago previo a las reuniones clandestinas en su apartado local, de no darse el caso casi siempre había tenido éxito exigiendo el pago a la fuerza.

El resto de gente del local no parecía mas sospechosa de lo que allí era habitual, tampoco había nadie metiendo su nariz en asuntos ajenos, por satírico que sonase los malhechores que frecuentaban "El descanso del Diablo" solían guardarse ciertos modales unos a otros.
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#2

Mensaje Shi21 May 2020, 22:50


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Re: Donde duerme el Diablo


La paciencia nunca había sido su fuerte. Solía empezar a desesperarse tan pronto como se daba cuenta de que le aguardaba una tediosa espera por delante, y aquella ocasión no era distinta al resto. Con ambas manos descansando sobre la poco cuidada barra de la taberna, apenas pasarían unos instantes antes de que el índice derecho del ladrón comenzase a repicar una y otra vez contra su madera en un gesto nervioso. Las fugaces miradas hacía la entrada aún no habían revelado la silueta de aquel a quién esperaba, sin embargo, como era costumbre, el tuerto solía guardarse siempre ases bajo la manga. De algún modo u otro parecía que siempre lograba sorprender, y también lo haría aquella tarde cuando el pelinegro lo terminase por localizar, para su sorpresa, ya sentado en una de las mesas como si nada, cigarro en boca y copa en mano. ¿Llevaba allí desde que él había entrado, o lo había hecho después sin que se percatase? No importaba, y es que en aquel momento Racso estaba feliz de que la eterna espera que ya casi daba por sentada no hubiese durado más que unos míseros minutos.

- Lo paga él. — diría, seco, a la par que agarraba el vaso de agua recién llegado y señalaba valiéndose de un ademán de cabeza al pintoresco personaje con sombrero en la solitaria mesa. Probablemente el tabernero le conociese bien y ni siquiera le cobrase, y si de verdad lo hacía, bueno, a fin de cuentas había sido idea suya el reunirse en aquel lugar. Así pues el pelinegro no perdería ni un segundo y dirigiría sus pasos hacía la mesa frecuentada por el apodado "Mil Ojos", apodo al que ya había hecho justicia en el pasado entregándole al muchacho información valiosa de distinta índole. Nada apuntaba pues a que aquella vez no fuese a resultar igual de productiva. - Si estabas aquí desde el principio podías haberme avisado. — reprocharía el azabache tan pronto como llegase a la altura de su interlocutor, sentándose de inmediato en la silla libre de manera descuidada con su diestra colgando del respaldo. Un rápido vistazo a los alrededores le valdría para cerciorarse de que los oídos indiscretos no parecían frecuentar la posada aquel día. Cada cual estaba demasiado ocupado con su propia borrachera. - ¿Y bien? ¿Hablamos de negocios?

No había razón alguna para andarse con preámbulos. Kayn "Mil Ojos" no era su amigo ni él era el suyo, simplemente eran socios comerciales para asuntos que en su mayoría eran mejor llevar a cabo fuera de los molestos ojos de la ley. En realidad, por más que el informante le había hecho saber en alguna ocasión que le caía bien, Racso estaba seguro que de dejarle de ser útil este se desharía de él a las primeras de cambio. Pero, ¿acaso no era así como funcionaba aquel mundo? Él mismo tampoco vacilaría ni un segundo si debiese actuar de igual modo. La confianza en la desconfianza podía resultar de lo más productiva siempre que los negocios llegasen a buen puerto. Por el momento, el joven ratero esperaba que el soplo que esta vez el tuerto estaba dispuesto a compartir contribuyese a la buena salud de aquella relación comercial.

#3

Mensaje Racso22 May 2020, 00:51


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Re: Donde duerme el Diablo


El dueño del bar permaneció mudo mientras arqueaba la ceja derecha sorprendido ante el comentario, quizás porque no encontró la necesidad de verbalizar tal coyuntura o simplemente porque aún seguía extrañado por el insípido gusto del gaznate de aquel recién llegado. La sonrisa de Kayn se mantuvo intacta cuando sus ojos seguían el acercamiento de Racso a su mesa, solo se amplió aún más cuando el chico hablo para quejarse.

Me gusta ver como te desenvuelves. Me recuerda a mis buenos tiempos.


Dijo con una voz un tanto ronca no sin antes sacarse el cigarro de la boca con el índice y el anular de la mano diestra, la cual descendía para agarrar la copa y después acercársela a sus labios dando un trago en condiciones. Tras esto expresó el picazón de su garganta al paso del Whiskey con un sonoro "ahhhhh". Finalmente volvió a dejar el vaso en la mesa sin separarlo de su mano.

Un collar. En un almacén. Tres guardias. Sin intermediarios. Esta vez yo mismo te pagaré.

Parecía que disparaba proyectiles de información por la boca, directos, rápidos y con una trayectoria recta. Lo habitual en Kayn era no hacer de intermediario, simplemente daba la información y pedía un pago aposteriori con un porcentaje estipulado de los beneficios que el creía que había obtenido la otra parte. Esta vez era "Mil Ojos" quien solicitaba el objeto a robar, inusual cuanto menos, pero el tipo no parpadeaba, tan solo soltaba la copa y se devolvía el cigarro a la boca.
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#4

Mensaje Shi22 May 2020, 01:27


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Re: Donde duerme el Diablo


El joven de ojos claros, aún sentado de cualquier manera sobre la silla frente a la mesa a la que había sido invitado por su cómplice, observaba en silencio los movimientos del bien reputado informante mientras, expectante, se mantenía a la espera de la suculenta información de la que en breves esperaba ser conocedor y que, con suerte, podría reportarle beneficios suficientes para pasar lo que restaba del Invierno de la forma más cómoda posible. Nada de seguir acampando al raso. Se sorprendería ligeramente cuando Kayn pareciera insinuar que en el pasado él mismo se había dedicado al robo de igual forma que Racso lo hacía ahora, más no pronunciaría palabra alguna al respecto. Bien pensado, y aunque nunca se lo había mencionado antes, era una posibilidad de lo más factible teniendo en cuenta la trayectoria profesional del tuerto. ¿Acaso el azabache también terminaría igual con el paso de los años? Lo dudaba, aunque nunca podía saberse a ciencia cierta.

En cualquier caso, "Mil Ojos" decidiría tomarse su tiempo antes de ir al grano, dando un buen sorbo a su copa la cual debía contener alguna clase de alcohol. El joven ladrón jamás había comprendido como alguien podía disfrutar de bebidas tan amargas como aquellas del modo en el que el informante parecía hacerlo ahora, y siempre que lo había cuestionado había recibido la misma respuesta; "es que aún eres un crío". Bueno, cada vez era ya menos crío, sin embargo el rechazo hacía aquellos brebajes seguía bien patente en su persona. En su lugar el azabache alargaría la diestra en pos de agarrar el vaso de agua que había traído consigo hasta allí para, de igual modo que su interlocutor, dar un buen sorbo a su bebida. La devolvería posteriormente a la mesa sin mayores adornos. Era simple agua al fin y al cabo.

Y al fin la única conversación que importaba daría comienzo, aunque más que una conversación de lo que se trataría sería de una serie de datos lanzados casi con la precisión de un cirujano, como era costumbre. No obstante algo se saldría de lo habitual aquella vez, lo que haría arquear una ceja del pelinegro al llamar su atención. Se trataba de un trabajo solicitado específicamente por Kayn, no por un tercero. Era extraño, sin duda, pero de igual modo tenía su parte buena y, por más inusual que resultara, Racso no iba a indagar en los pormenores tras el encargo. Lo único que importaba era el dinero que sacaría de allí.


- Entonces espero que esta vez mi parte sea mayor de lo habitual. — diría el ladrón entre una media sonrisa dibujada en el rostro, conocedor de la oportunidad que le brindaba el echo que los beneficios tuviesen que repartirse entre menos cabezas. - Me parece bien. Tan solo dime la ubicación, el aspecto del objeto en cuestión y cualquier ventaja táctica con la que pueda contar. — se refería, por supuesto, a detalles como los turnos de los guardias, el horario más optimo para el asalto y posibles características a aprovechar del almacén en cuestión. Estábamos hablando de un trabajo en el que el mismísimo Kayn "Mil Ojos" tenía un interés particular, sin duda habría hecho los deberes y podría proporcionar lo que se le solicitaba. - Por cierto... — diría posteriormente. - Si me has seleccionado para este trabajo, ¿significa que soy el mejor ladrón con el que cuentas actualmente? — soltaría el pelinegro, mediante un tono de voz altivo y una media sonrisa chulesca que denotaba el que no se le había pasado tal detalle.

Realmente le daba igual si era así o no, más nunca estaba de más un pequeño empuje al ego, ¿verdad?

#5

Mensaje Racso22 May 2020, 02:44


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Re: Donde duerme el Diablo


Kayn no perdía detalle de cada pequeño movimiento de Racso, de algún modo se le podía ver disfrutar con cada gesto del joven, incluyendo su simétrico trago al vaso de agua. Tras apuntar los detalles de la oferta de trabajo el prolijo chico preguntó por el punto mas importante de aquel encargo, el dinero. No pudo acabar la frase, antes de finalizar la última palabra "Mil Ojos" dispararía de nuevo sacándose antes el cigarro de la boca con la misma mano que antes.

Cuatro mil Ryos.


Ambos sabían la importancia de aquella cantidad, no significaba un pago por amistad, no significaba una recompensa por fidelidad, tampoco significaba una entrega monetaria atrasada, no, nada de eso, significaba... Problemas. Era un pago desorbitado por un trabajo que se presentaba simple y aunque la cifra olía a peligro era tan alta que iba a ser sumamente difícil de rechazar para el pelinegro. Por suerte Kayn sabía que el chico no era tonto por lo que pondría parte de sus cartas sobre la mesa, nunca toda la baraja.

Parte del pago procede de la distinción de ser yo el contratante. Otra parte de que has de realizar el trabajo esta noche a mas tardar y la parte final es la que a su vez justifica las prisas, es posible que mas gente este detrás del collar.

A pesar de los contras 4000 Ryos eran muchos Ryos, no se encontraban trabajos tan bien pagados todos los días, en realidad, no se encontraban trabajos tan bien pagados nunca. Kayn devolvió el cigarro a la boca y le dio varias caladas sin soltarlo mientras Racso planteaba sus dudas, alejándolo nuevamente para responderlas.

Es un collar con eslabones barbada de plata, en el centro tiene una esmeralda en forma de óvalo de unos seis centímetros cuadrados. En buen estado.


Detalles técnicos, sin rodeos, información útil, era la manera de trabajar de "Mil ojos". Ahora, por primera vez en lo que iba de reunión bajaba el tono de voz y apoyaba su pecho en la mesa para reducir las distancias.

Es aquí, en Kurebasu. Tercera altura, distrito tres, almacén número diecinueve, el collar tiene que estar en la caja número treinta y cuatro.


No era común hacer encargos en Kurebasu. La altura indicaba en que piso de la gran franja en la tierra, empezando por abajo, estaba el almacén, pues en las paredes de los laterales había excavaciones que daban acceso a diferentes pisos. El distrito simplemente acotaba la zona, el número del almacén indicaba que puerta cruzar y la numeración de la caja estaba escrita en la parte superior, o eso era lo normal en aquellos casos. A pesar de la rareza de la oferta seguía siendo bastante dinero. Por suerte Kayn buscaría incitar a Racso a aceptar aportando más información útil, no sin antes volver a su posición inicial agarrando nuevamente su vaso con la derecha y dando un trago rápido. Con el vaso y el cigarro sostenidos con la mano derecha en alto, continuó.

Los guardias patrullan el pasillo que da acceso a las puertas de los diferentes almacenes. A las doce de la noche cambian de turno, pero hacen la permuta fuera del pasillo, en el exterior de la zona de almacenes.


Ahora que la información estaba dada Kayn se acomodaba en la silla, daba un trago muy largo acabándose el Whiskey, dejaba el vaso en la mesa y apuraba lo que le quedaba de cigarro.

Trabajas bien. No complicas las cosas. Y no preguntas.


Fue su contestación al latente ego de Racso. Lo señaló con la diestra una vez por cada una de las tres cualidades que acababa de mencionar sobre el chico, acompañando así la fuerte entonación de sus últimas palabras. No le había dado la razón, pero si le había soltado un sustancial halago, más aún teniendo en cuenta su profesión. Sin decir nada más, allí tendido sobre la silla, sonrió, levantó ligeramente ambas manos con las palmas abiertas y encogió los hombros un poco dando a entender que si aceptaba el encargo no había más que añadir.
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#6

Mensaje Shi22 May 2020, 04:04


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Re: Donde duerme el Diablo


La sorpresa quedaría plasmada en el rostro de Racso al oír este la cantidad que Kayn estaba dispuesto a ofrecerle por completar el encargo. La misma duraría apenas unos instantes, pues el azabache no tardaría en tratar de recuperar la compostura cuanto antes, sin embargo lo que había quedado claro era que el trabajo era más grande de lo que pensaba en un principio. Cuatro mil Ryōs, y ello solo representaba la parte que a él le tocaría, lo que significaba que la suma total ascendía a mínimo el doble e incluso probablemente algo más, pues no confiaba del todo en que el tuerto repartiera las ganancias de una forma del todo equitativa. La explicación al respecto no se haría esperar, y es que la urgencia por completar el trabajo jugaba un gran papel al respecto. Al pelinegro semejante detalle no le haría ni parpadear, pues estaba acostumbrado a realizar los trabajos filtrados por "Mil Ojos" lo más rápido posible una vez contaba con los detalles del golpe, sin embargo el informante sacaría a relucir otro elemento más de la ecuación que, al contrario que el primero, sí que provocaría cierto malestar en el joven ladrón, torciendo visiblemente el gesto en consecuencia. Cabía la posibilidad de que alguien más tratara de adelantarse en pos de robar el collar. El tuerto no aportaría más detalles al respecto, lo que evidenciaba que, simplemente, los desconocía.

Racso se balancearía ligeramente sobre su asiento, cruzado de brazos y con la mirada fija en el poco cuidado techo de la taberna, haciendo crujir levemente las patas de la silla de madera sobre la que descansaba casi como si meditara sobre la situación que se le planteaba entre manos. No pronunciaría palabra alguna, aunque su semblante ya hablaba por si solo, denotando que no esperaba el lidiar con competencia cuando se sentó en aquella mesa con tal de escuchar la propuesta. Sin embargo si trabajaba como de costumbre no había ninguna razón que hiciera sospechar que no saliese de aquel duelo victorioso, además el premio bien valía el seguir adelante. Sería entonces cuando el informante, tras ser preguntado por detalles más específicos referentes a la tarea, haría gala de sus conocimientos dejando bien claro que las expectativas depositadas en sus fuentes de información estaban muy bien justificadas. El azabache memorizaría con tan solo oírlo una vez todos los elementos relevantes que "Mil Ojos", tras dar varias caladas a su cigarro, empezó a proporcionarle progresivamente. Hasta que otra variable adversa entraría en escena, una lo bastante delicada como para hacer que hasta el tuerto tomase medidas extra con tal de que no se filtrase a ningún oído más que a los de su contacto.


- ¿Aquí? — soltaría el ladrón, recuperando el gesto torcido que hacía escasos momentos había perdido. - Eso es... problemático. — por decir alguna cosa, y es que Kurebasu no gozaba de fama de ser muy amable con aquellos que causaban problemas en sus dominios, y si a ese detalle uno le sumaba el hecho de que alguien más podía ir tras el premio... el resultado de la suma no era el más optimista posible. Kayn lo sabía, por lo que de inmediato procedería a aportar más detalles favorables con tal de decantar la balanza hacía donde le interesaba. La información proporcionada era detallada, y Racso apostaba a que también precisa viniendo de quién venía, por lo que el golpe era posible.

El muchacho finalmente se reincorporaría abandonando la comodidad de su silla, quedando de pie junto a la mesa a la par que daba buena cuenta de las últimas gotas de agua que quedaban en el vaso frente a él. "Mil Ojos" enumeraría acto seguido una serie de cualidades que según él el pelinegro poseía en respuesta a su momento de chulería anterior, algo que Racso escucharía con la mirada clavada en el transparente vaso de cristal que ahora descansaba, desprovisto de cualquier elemento en su interior, sobre la mesa. Sonreiría por lo bajo, mucho se temía que estaba a punto de romper una de esas "cualidades" que el informante había alabado hacía un momento. Estaba a punto de complicarle las cosas.


- Lo haré. — diría al fin el joven. - Pero solo por Cinco mil Ryōs. — declararía, firme y directo. No era estúpido, y "Mil Ojos" tampoco. Los dos sabían que aquel no era un encargo como los usuales, y también sabían que al tuerto siempre le gustaba salir ganando, algo que el azabache normalmente pasaba por alto debido a los altos ingresos que era capaz de obtener de igual modo gracias a sus soplos. Sin embargo aquella situación era distinta por lo que, dado que dudaba considerablemente que aquellos Cuatro mil iniciales ofrecidos representasen una cifra cercana al cincuenta por ciento de los beneficios totales, el ladrón veía en aquel aumento un trato más justo. - No creo que ya tengas tiempo de llamar a nadie más para sustituirme, ¿verdad? — pocas horas quedaban para la noche, la hora límite del golpe, por lo que se podía decir que el despierto ratero de ojos claros acababa de agarrar la sartén por el mango en aquel pequeño tira y afloja en el que se había convertido la conversación.

¿Le estaba extorsionando? Para nada, no era tan estúpido, únicamente trataba de equilibrar la recompensa en relación a la totalidad de las ganancias y al riesgo existente. Algo que debía de resultar evidente frente al perspicaz ojo verdoso de su socio. Sin más, Racso sonreiría ampliamente a la par que extendía la diestra hacía Kayn buscando un apretón que cerrase definitivamente el trato y, en el caso de ser así, se dirigiría posteriormente, aún con la capucha de su sudadera cubriendo su rostro como en todo momento, hacía la salida del establecimiento. Dispondría así de varias horas libres hasta que la luna ocupase su lugar en el cielo dando inicio a la operación, horas que sabía muy bien como aprovechar; era el momento de inspeccionar los alrededores.

#7

Mensaje Racso22 May 2020, 06:10


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Re: Donde duerme el Diablo


Si bien la conversación había recorrido un tortuoso y poco común camino ambos habían logrado atravesarlo sin mayores contratiempos, Racso había procesado toda aquella información y ahora la usaba a su favor para proponer un precio mas alto al trabajo. Kayn rió por dentro mirando al chico que ahora le ofrecía la mano.

Cada vez que te veo estas mas sagaz.


Se sacaría el cigarro de la boca con la mano derecha y lo tiraría al suelo con fuerza, le extendió la mano a Racso y se puso en pie apagando el tabaco sin necesidad de mirar su ubicación. Elevó la mano izquierda con dos dedos extendidos para hacerle un gesto de despedida al dueño del bar y de la que se dirigía a la salida le susurró unas últimas palabras al pelinegro.

Nos vemos en este mismo sitio cuando lo tengas. Suerte.

Contrato firmado, Racso volvía del paro con un trabajo que prometía bañarlo en oro. El dueño de "El Descanso del Diablo" no le rendiría cuentas por la consumición por lo que podría abandonar su local cuando lo considerase oportuno. Quedaban unas cuatro horas hasta la medianoche, el joven salteador podría invertirlas en lo que considerase oportuno. Comprar materiales para el asalto, ojear el terreno, conseguir algún contacto o simplemente dejarse llevar, todas eran opciones a tener en cuenta. La zona de los almacenes designada por el contrato estaba a unos 20 minutos andando de su posición.
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#8

Mensaje Shi22 May 2020, 12:16


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Re: Donde duerme el Diablo


"Mil Ojos" era lo bastante despierto como para saber adaptarse al oleaje cambiante que casi siempre traía consigo una conversación de negocios, así como lo bastante curtido como para saber lo que le convenía en cada momento. Y en aquella ocasión lo más sabio no era otra cosa que ceder algo más de su margen de beneficios al azabache quién, aprovechado, no pensaba pasar por alto semejante oportunidad. A fin de cuentas podía terminar quemándose metiéndose de cabeza en aquel asunto, que menos pues que hacerlo por un precio que motivase el caminar descalzo sobre las brasas.

Con el trato ya cerrado poco más quedaría por añadir. El pelinegro asentiría en silencio, sin dirigir la mirada hacía su interlocutor, cuando el tuerto le recordase antes de abandonar el local cual sería el punto de encuentro tras el encargo. Allí mismo. Así pues, y ya nuevamente en las callejuelas de Kurebasu, el dúo se separaría cada uno por su lado, tal como si nunca hubiese existido aquella conversación bajo la discreción que imponían las paredes de rojiza piedra de "El descanso del Diablo". El ratero retornaría entonces a las calles abarrotadas en las que, prácticamente, era imperioso avanzar con los codos en alto en pos de abrirse paso, siempre asegurándose de tomar cualquier desvío hacía caminos menos transitados cuando la oportunidad se presentaba y ello no conllevase desviarse en exceso de su ruta. Y es que tenía muy claro hacía donde le conducían sus pasos.


" Distrito tres... " — pensaría para sus adentros. Alzaba la mirada de tanto en tanto recorriendo con la vista la gran gruta de piedra que se alzaba a ambos lados de Kurebasu, casi como si pretendiera ocultar las actividades que allí se realizaban de los acusadores ojos del mundo exterior. - No puede estar lejos. — musitaría el joven, habiéndose ubicado en aquel laberinto de tiendas, comercio y vileza, prosiguiendo entonces con su incesante marcha.

Lo primero era comprobar el terreno sobre el que iba a tener que trabajar en un lapso de tiempo de escasas horas. Aquel mercado era un lugar concurrido como pocos, por lo que sin duda confiaba en poder hallar un punto desde el que poder hacerse una idea óptima sin llamar la atención por ello. Tras eso el siguiente paso venía dado de forma lógica y natural; planear su estrategia. Tarea para la cual el ratero podía valerse de cualquier detalle, además de los que le habían sido facilitados por su siempre bien informado socio, que encontrase a su favor. Si bien dar un golpe en Kurebasu era arriesgado, por otra parte también poseía sus ventajas, y es que se encontraba en un mercado, por lo que de darse el caso de necesitar algo de lo que careciese en su arsenal simplemente debía comprarlo, fácil, rápido y sin complicaciones. Y allí raro era el no poder encontrar lo que uno buscaba. De igual forma, entre tantos ojos y oídos nada honrados como los que en aquel lugar se daban cita, el ladrón podía hallar alguna que otra fuente de información extra que pudiese aportar algo útil. Posibilidades no le faltarían, desde luego.


" Es aquí. " — pensaría, deteniendo consecuentemente sus pasos. Acababa de llegar al tercer distrito. El lugar de mayor relevancia durante las próximas y más inmediatas horas de su vida. Para un ladrón a punto de dar un golpe el mundo quedaba limitado a únicamente aquella pequeña porción en la que, oculta entre una serie de obstáculos, descansaba el premio por el que suspiraba. Una batalla de ingenio entre él y los protectores del valioso objeto estaba a punto de comenzar, a pesar de que estos últimos ni siquiera fuesen conscientes de ello. Racso pasaría a centrar su atención en sus alrededores, tratando de comprobar lo que le rodeaba a ras de suelo y, sobretodo, tres niveles por encima de su cabeza en la excavación en la piedra de la gruta.

#9

Mensaje Racso22 May 2020, 13:58


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Re: Donde duerme el Diablo


Racso podría avanzar por el mercado sin impedimento alguno, tampoco parecía estar siendo rastreado por nadie por lo que pronto llegaría, sin contratiempos, al lugar en el que iba a tener que dar el golpe. Desde lo mas profundo de la gruta se podían ver hasta cuatro alturas en ambas paredes laterales, existía el rumor en Kurebasu de que había una quinta escavada de manera mas discreta y que no quedaba expuesta a las miradas de la gente, por desgracia aquello siempre había sido un rumor sin confirmar. Los pisos tenían todos unos cuatro metros de alto, la tierra que separaba el suelo de uno con el techo de otro tenía un grosor de otros cuatro metros aproximadamente por lo que el total de los cuatro pisos era de 32 metros (la base de la gruta era considerada el piso 0). El acceso de un piso a otro era realmente simple, había repartidas un montón de escaleras, algunas simples hechas de madera y otras naturales con la tierra del terreno. La iluminación de los diferentes niveles procedía principalmente de antorchas colgadas en las paredes con refuerzos de hierro, había muchas de ellas.

En aquel distrito, el piso número 3 no era una excepción a la regla, seguía el mismo formato de construcción y constaba de un pasillo principal subdividido en un gran número de sub-pasillos, en cada uno de estos había 20 almacenes, 10 a cada lado. Frente a cada subpasillo había un cartel que indicaba la franja numérica de los almacenes que allí había. Los almacenes, salvo excepciones, eran cu de unos 60 metros cuadrados y todos tenían una puerta metálica con un candado robusto.
Plano de la altura 3/Vista aéreaMostrar
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  • Celdas grises: Los diferentes almacenes.
  • Puntos rojos: Antorchas.
  • Puntos negros: Accesos.
El grueso de la grieta, es decir, el gran hueco, estaría hacia el sur de ese plano, osea hacia abajo. De esa manera los accesos estarían mas cercanos a lo que vendría siendo un precipicio. Cabe decir que Racso no puede obtener toda (si parte de ella) esta información de un vistazo desde su posición pero quería ir adelantando trabajo al respecto.
El piso 0 de aquel distrito ofrecía una aceptable variedad de opciones, una casa de empeños con bastante fama en Kurebasu, varias tiendas de artículos ilícitos, un par de garitos y un local de apuestas. Eran las 20:03 de la tarde-noche, quedaban casi 4 horas para el cambio de guardia. Racso tenía total libertad a la hora de actuar en aquel momento, aunque en realidad... siempre la había tenido.
Narro - Hablo - "Pienso"

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#10

Mensaje Shi22 May 2020, 15:47


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