Tempo

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Re: Tempo


A cierta distancia, Eijiro no pudo contener el nacimiento de una sonrisa ilustre, un trazo ascendente e involuntario que no podría haber contenido de haberlo querido, porque disfrutaba con ello cada instante, desde su nacimiento hasta su pronto desenlace. Echó rápidos vistazos a su alumna, aferrada a ella por la cintura, como si al hacerlo con suficiente rapidez pudiera atrapar un instante de debilidad. Sospechar sería estúpido en ese momento particular, Eijiro sabía a ciencia cierta que su sahvar estaba deseando hacerle pagar todo aquello. Muy pronto Shinjo hizo alusión al matrimonio de una forma que Eijiro no supo interpretar. Su sonrisa se deformó, alterando su gesto y sembrando una duda trémula en lo que debía ser una diversión sin parangón.

— ¿No? — Preguntó sin convencimiento, sin dejar de mirarla. Durante esos momentos efímeros, el resto del mundo perdió color, las formas se desdibujaron y antes de que pudiera dar nombre a esa sensación Shinjo se apresuro a hacerle saber el porqué. Eijiro sonrió, apartó la mirada y soltó una única carcajada, afilada y áspera. — Si, cuando tu viejo se muera pienso hacer que el ala este de su mansión se convierta en una porquera. Los criaré a pares, cielo mío. Serán orondos y malolientes, pero muy amistosos... ¡como yo! — Se aferró con más fuerza a ella, presionando su cuerpo contra el suyo y propinándole un fugaz toquecito en el trasero en un momento de salvaje efusión para luego dejarla marchar, separándose una distancia que uno podía esperar de un maestro y su alumna. Todo sea dicho y así sería si le interrogasen; había sido un accidente. Al dejarla ir Eijiro contuvo una nueva sonrisa, iluminada por el cielo cristalino y su luz artificiosa. En su lugar persistió un gesto zorruno, cercano a una media luna ascendente, pero torcida e indecisa como si una carcajada monumental estuviera a punto de abrirse paso. Eijiro olvidó, dejó de pensar en ello al cabo de un tiempo.

Al llegar al poblado de casas blancas cinceladas en piedra maciza y ovaladas de una forma particularmente extraña, Eijiro no pudo contenerse. Se detuvo en seco, dio un paso tembloroso y se giró lentamente hacia su alumna con la mirada desencajada.

— Santo cielo, viven en huevos. — A su revelación, Eijiro se volvió hacia las casas caminando hacia una con recelo y la mano extendida. Temía que aquel ilustre huevo, glorioso y brillante, se cascase por solo tocarlo y al hacerlo se demostró; era piedra de cantera o lo que fuera, pero tallado en un huevo blanco e impertérrito. Eijiro chasqueó la lengua, luchando a duras penas por no deshacerse ahí mismo. Sahvar, olvida los cerdos. Tendrás a mis hijos bajo la cáscara esculpida de un huevo... ¡enorme! — Extendió los brazos en un gesto amplio con el gesto asombrado. No cabía en sí del gozo y bien sabía que se habría quedado más de un momento admirando la obra, pero el tiempo bien valía su peso en oro. Se besó la punta de los dedos y luego rozó el huevo de piedra con ellos a modo de despedida antes de seguir la senda. Ante la plaza de huevos, con fuente de muchacho regordete en pleno centro, Eijiro escrutó en la distancia todo cuanto podía verse. Un jabalí empalado, una tienda de comestibles y una fila de provincianos haciendo cola en lo que debía ser un sastre. Nada que pudiera superar a las casas huevo. Torció el gesto con evidente decepción, cruzándose de brazos. — Debe ser ahí. — No podía ser de otra manera. Decidió acercarse con cautela para descubrir sin sorpresa alguna que resultaban ser el centro de atención y sin embargo, una voz áspera y malhumorada despejaba la fila en torno a la sastrería de malas maneras.

Una vez frente al espantajo, mal vestido y sentado en pleno suelo, Eijiro compuso la mejor de sus sonrisas de negocios.

— A las muy buenas, señor. — Acto seguido, Eijiro hizo un gesto breve y comedido con la diestra, apenas un saludo escueto y firme, respetuoso pero muy lejos de los rigores de una corte. — ¿Esta es su tienda? —
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— Espera de su alumna una reprimenda monumental y se deleita en la posibilidad. La primera frase de Shinjo lo confunde, pero bromea con respecto al resto de su intervención.
— Al llegar ante las casas ovaladas Eijiro las encuentra sospechosamente semejantes a un huevo y demuestra su admiración.
— En la plaza decide acercarse cautelosamente hacia la sastrería, para quedar frente al hombre sentado en el suelo.
— Se muestra amistoso y le pregunta sobre la tienda pensando efectivamente, que aquel espantajo no podía ser dueño de nada.
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#21

Mensaje Eijiro Isarashi31 May 2020, 19:05


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Re: Tempo


Al notar cómo el jovencito comparaba el pago entregado por el mercenario con una moneda propia, comprendió que aquella civilización subterránea tenía su propio dinero. Algo que sospechaba, realmente, pero no estaba de más el gesto, puesto que quizá algún día el muchacho saldría al exterior y su ofrenda le sería de utilidad. En última instancia, bien podía fundir las monedas por algo de plata para algún pequeño ornamento. Por otra parte, lo que esto significaba para Akira era que no podría abrirse camino siempre mediante el dinero propio, que de nada serviría ante alguien que buscase una real ganancia. Desconocía cuánto tiempo invertiría allí dentro, pero si era prolongado —esperaba que no-, probablemente podría encontrar alguna labor para hacerse con unas monedas corrientes.

Si antes de irme consigo algunas de esas monedas —señaló—, procuraré regresar para pagar como corresponde —finalizó con una muy fina pero sincera sonrisa. El chico, presentado como Ishi, no se había quejado por el dinero extranjero recibido, pero no quitaba peso a la deuda del mercenario. Claro, si es que su guía le terminaba siendo útil.

Según prometido, el joven le guío por un bosque sorprendentemente normal. Árboles y vegetación como la que uno podría encontrar en los países más fértiles del exterior crecía allí debajo, ignorando el hecho de que se encontraban en el corazón de una montaña, en el país más helado del continente. A decir verdad, el mismo clima se notaba templado y agradable, muy distinto al frío del exterior. Normalmente Akira habría supuesto que se trataba de actividad volcánica, pero la presencia de una ominosa citadela le hacía pensar en algún tipo de arte mágico. Estaba ansioso por adentrarse en aquella civilización, pero la preparación era esencial.

El camino terminó frente al templo prometido. Se veía divino, celestial. Nuevamente, no dejaba de sorprenderle que en realidad estuviese enterrado indefinidos metros bajo superficie. Ishi explicó que era habitual la presencia de monjes en el predio, mas no eran visibles en aquel instante. Suponiendo que se había encontrado con una oportunidad única, Akira asintió y se dirigió a paso algo acelerado hacia las casetas indicadas. En el trayecto, una vez dada la espalda al muchacho, haría el sello del dragón para activar su técnica sensorial, y así saber qué tanto margen tenía para moverse. Imaginaba que los monjes se encontrarían en el interior del templo, en algún tipo de misa o cual fuere el rito que realizaran, pero no estaba de más asegurarse. Sabía que lo correcto sería tomar un uniforme de su porte aproximado, colocárselo, y salir de allí, pero el interior del templo le llamaba con afán. De momento, se limitaría al plan primero, y buscaría hacerse con las ropas adecuadas para pasar desapercibido.
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Kanchi (Detección)Ninjutsu Rango CRequisitos:
  • 30 puntos en atributos Espirituales.
Sellos: Dragón.
Efectos:
  • Permite detectar toda presencia de chakra a 5 metros de distancia por cada punto en control de chakra que posea el usuario.
  • Se debe permanecer quieto durante la ejecución a menos que se posean 25 puntos en concentración.
  • Los chakras detectados simplemente te indican si es mayor o menor a tus reservas totales.
Coste: 15 PC por turno.
El shinobi realiza un sello a dos manos que le permite detectar presencias de chakra a un determinado alcance. Se trata de la técnica más sencilla de la rama sensorial.
Código:[kajin01][/kajin01]
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#22

Mensaje Akira Matsuda31 May 2020, 20:47


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Re: Tempo


Muy pronto, Shinjo comprendió que el rumbo que había elegido para la conversación estaba a punto de volverse en su contra. Disfrutó para sus adentros del gesto de desconcierto de su sahrego mientras duró. Cinco segundos, concretamente. Fueron unos momentos mágicos, sin lugar a dudas, en los que se sintió tan victoriosa como cuando sacaba una mano ganadora al final de una larga y disputada partida de cartas. Se regodeó en su confusa expresión, ignorando de forma deliberada el trastabilleo de su corazón cada vez que se llenaba la boca con palabras sobre el matrimonio; era mejor así, desde luego. Mucho más cómodo y práctico. En su voluntaria ignorancia, tampoco fue consciente de que estaba trastocando algún que otro sentimiento en el interior de Eijiro. A ella le pareció el mismo de siempre. Un poco más animado, eso sí. Sin embargo, nada más justificar su revelación, supo que las tornas iban a cambiar y que ya no había nada que pudiera hacer para impedirlo. De un instante a otro, Eijiro se adueñó de la charla, profiriendo primero una única carcajada a modo de aviso. Su respuesta la desorientó momentáneamente, y Shinjo se descubrió mirándole perpleja. Parpadeó en tres ocasiones, con los labios entreabiertos y el rostro ladeado hacia la izquierda mientras le observaba con cruda incredulidad. Puede que fuera porque no llegaba a concebir del todo la distópica situación que describía, o porque la indignaba la forma despectiva con la que se refería a su honorable padre, o, tal vez, porque la había llamado “cielo mío” fuera del escenario (entre bambalinas, como decían los artistas), pero el caso es que, durante un par de instantes, se halló incapaz de articular palabra alguna.

Finalmente, tras unos cuantos balbuceos incomprensibles, logró esbozar un proyecto de réplica.—No sé si es consciente de ello, pero acaba de compararse con un cerdo. No es que el símil no sea acertado, pero...—antes de que pudiera terminar de hablar, Eijiro la apretó contra sí con mayor fuerza, arrancándole una brevísima exclamación a su garganta y un imperceptible rubor a sus mejillas. Creyó sentir cómo una de sus manos se deslizaba hacia abajo, muy hacia abajo, y ello la hizo desviar la mirada en dirección contraria. El rostro le ardió de vergüenza, nerviosismo e incredulidad, pero, de alguna manera, consiguió camuflar su azoramiento con un ronco carraspeo y una mueca de exasperación muy en su línea habitual de comportamiento.—¿A qué ha venido eso? Nadie estaba mirando. Su papel le ha devorado, sahrego.—farfulló levemente alterada, desoyendo la sinfonía discordante que interpretaba su corazón en aquellos instantes y aprovechando la distancia que ahora se interponía entre ambos para esconder la mirada en cualquier adorno del camino.—Le ha consumido su personaje, qué deplorable.—continuaba murmurando en voz queda, casi convenciéndose a sí misma de ello, al tiempo que proseguían el trayecto. Al cabo de un rato, dieron con un poblado de lo más pintoresco donde las casas estaban labradas en lo que parecía ser piedra blanca y esculpidas siguiendo un patrón ovalado. Se detuvo a la par que Eijiro, ya vaticinando por su parte algún despectivo comentario al respecto. Por supuesto, este no se hizo esperar. La divina conclusión del Isarashi, aún siendo, efectivamente, peyorativa, despojó a su boca de la mueca sobria que había esgrimido desde el episodio anterior y obligó a sus comisuras a curvarse inadvertidamente. Tuvo que llevarse una mano a los labios para contener la carcajada que se avecinaba. Sí, le había hecho gracia.

Oh, vamos, no son hue...—pero el parecido era indudablemente generoso, y no supo cómo desmentirlo.—Baje la voz, alguien podría escucharle.—terció en su lugar, recuperando la compostura a marchas forzadas. Pero Eijiro no planeaba concederle tregua alguna, y su siguiente pronóstico la hizo abrir el ojo con visible sorpresa. ¿Ella? ¿Tener a sus... hijos? Se enderezó en el sitio, retrocedió un paso (de espanto, no de asombro, sostendría tiempo después) y alzó la barbilla con toda la dignidad que le cabía en el pecho.—Jamás pariría en un huevo. ¿Me está llamando gallina?—replicaba de manera inconsistente y ciertamente incoherente.—Y no puedo olvidarme de los cerdos porque viajo con uno.—añadió como puntapié final, sin darse cuenta de que no había desmentido su fantasía matrimonial y que la omisión bien podía tomarse por conformidad. Volvió a ponerse en marcha y, al llegar al mercado, se permitió ojear los alrededores para olvidarse de los disparates de su maestro. Pronto, Eijiro señaló un establecimiento en concreto y Shinjo tuvo que darle la razón; no parecía que hubiera ninguna otra tienda de ropa cerca. Se acercó a su vera hacia el local para descubrir que se trataban del centro de atención. Nada raro, teniendo en cuenta el hermetismo que rodeaba las entrañas de aquella montaña. Una voz áspera y vehemente se alzaba entre el gentío, pronunciando algo acerca de un desafío. Un instinto primitivo se accionó entonces en Shinjo, provocando que se le dilataran las pupilas y una sonrisa delgada y resuelta se extendiera por su rostro. Se adelantó hasta dar con el dueño de la tienda y apartó unos centímetros a su sahrego para que la dejara pasar por delante de él. Tan solo dedicó unos segundos a inspeccionar el panorama y hacerse con los elementos que lo componían.—¿Cuál es el premio?—preguntó, en un tono fino y tirante como un hilo extendido. No hubo presentaciones por su parte, tampoco cortesías. Ante todo, Shinjo era una jugadora empedernida.

No podía decirle que no a un desafío.
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—Charla con Eijiro durante el viaje.
—Al llegar al mercado, se acerca junto a su maestro a la sastrería.
—Una vez allí, aflora su ludopatía y, en lugar de presentarse, pregunta por el premio.
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#23

Mensaje Shinjo Isarashi31 May 2020, 23:02


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Re: Tempo


Los muchachos se sorprenderían del pueblo, el cual seguía formado por piedra blanca y no por huevos, como mantenía Eijiro en sus conversaciones con su compañera. El muchacho intentaría saludar cordialmente al señor sentado frente al tablero, al preguntarle si era su tienda el hombre se molestó, incluso se le puso la cara roja de ira, poco mas se levantaba a dar guarrazos a diestro y siniestro, pero se contuvo porque, ¿qué mas daba?

¿¡De quién va a ser la tienda sino, chico!? Si vas a hacer preguntas tan obvias seguro que eres un cagueta incapaz de aceptar el desafío.

Mencionó, poco después la actitud de Shinjo le gustó mas.

Un verdadero desafío.

Pensó. Su tienda era bastante austera, un recibidos de unos tres metros de ancho, la mesa de ajedrez estaba en el lado izquierdo, ocupando un metro de espacio en total, que unido al dueño hacían poco mas de metro y medio. Al fondo podían observar como había prendas de ropa de todo tipo y colores, pero todas manteniendo el estilo del lugar, se trataban de vestidos o túnicas largas, había alguna que de verdad podían considerarse una auténtica belleza, digna de reinas y reyes.

El premio es una prenda, la mejor que pueda hacer, totalmente gratuita, si consigues ganarme una partida, claro.

Dejó caer un detalle importante, ahora era cosa de la pareja decidir exactamente que quería hacer o dejar que hacer, según su decisión su ruta cambiaría mucho o no.

Mientras tanto, Akira se encontraría con aquello prácticamente desierto, el joven Ishi había inclinado la cabeza en señal de aceptación con lo que comentaba al respecto de su paga. El chico estaba contento igualmente, pero ganar algo mas de dinero no le importaba en absoluto. Avanzaría por delante suyo mientras él intentaba adivinar las presencias de lo que había alrededor, pudo notar que había dos señales de chakra a bastantes metros al oeste, pero bastante lejos como para que pudieran cogerle por sorpresa.

Allí está la ropa.

Ishi señalaba con su pequeño brazo una serie de tendederos con bastantes cosas, había alrededor de cinco piezas de ropa de hombre, dos de ellas le habían bien a Akira, mientras que las otras o le quedaban muy anchas o muy pequeñas. También había sábanas blancas, pero no tendrían ningún uso. Akira ahora podría estar vestido como Ishi pero en su versión adulta, con unos pantalones interiores que llegaban justo debajo de las rodillas, era sorprendentemente cómodo para lo que parecía.

Sabiendo que dentro del templo no había nadie, Akira podía decidir entrar o bien, volver por donde había venido y poner rumbo a la ciudad.

Ya tienes tu ropa, ¿quieres que vayamos a la ciudad o necesitas algo mas?

Su pregunta parecía certera, como si fuera otra persona la que hablaba con él, pero eso no podía ser, ¿cierto?
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#24

Mensaje Gray01 Jun 2020, 00:20


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Re: Tempo


¿Qué tanto apego tenía a las prendas con las que había llegado a ese sitio? Nulo, siendo sincero consigo mismo. Mientras los pantalones de aquel disfraz tuviesen bolsillos, podría comprometerse totalmente con el engaño, y cambiarse por completo en vez de cubrirse incómodamente con dos conjuntos enteros de ropa. Por ende se cambió los pantalones por aquellos correspondientes a las vestimentas ceremoniales, ya que al ser estos últimos más cortos, sería extraño que la tela oscura de los propios se asome por el último cuarto de sus piernas. También dejó de lado la gabardina, retirando antes que nada el kunai especial que llevaba en el bolsillo de la misma, y los cigarros del bolsillo frontal. Tras cambiarse, quedando únicamente su camisa y ropa interior bajo toda la vestimenta, hizo un bollo con sus harapos viejos tal cual había hecho durante el interrogatorio en superficie.

¿"Vayamos"? —preguntó a Ishi una vez listo, ya que este sugería acompañarlo también a Tempo. Algo más que codicia por una bolsita de dinero había en aquel chico de astuta personalidad, y quizá veía en aquel encuentro con un extraño forastero la posibilidad de ser algo más; de desentrañar los misterios de aquella ciudad subterránea, o bien conocer el mundo exterior. Pero para desgracia suya, Akira no trabajaba en equipo, al menos no en general.

Lo siento chico, prefiero no meterte en problemas. Además, aún no terminaste con las estatuas, ¿verdad?

Se había planteado visitar el interior del templo para bañarse en algo de la cultura de ese lugar, mas la insinuación del jovencito despertó su instinto de escapista. No le hubiera costado demasiado continuar en compañía de Ishi, pero a su modo de verlo, terminaría siendo una carga más que una ayuda. Ya había cumplido su propósito principal, que era darle un breve introducción a aquel sitio, y el muy valuado consejo de las prendas. El resto tendría que irlo dilucidando por cuenta propia, preferentemente sin dejarse ver siquiera. Porque, si se daba una situación de peligro y debía escoger entre esfumarse o proteger al niño, elegiría esfumarse. El problema era que no quería tener que tomar esa elección, así que mejor cortar el lazo en su punto más fino: el ahora.

Nos vemos luego.

Tras asegurar aquello, con sus viejas ropas bajo el brazo comenzó a caminar no por el sendero mediante el cual llegaron, sino en línea directa hacia la ciudad a través del bosque— siempre y cuando no fuese exactamente la dirección de las dos presencias que había alcanzado a sentir. De darse aquello, se daría la vuelta larga eludiéndolas con un margen de unos cien metros antes de encaminarse a la ciudad. Sus pasos serían tranquilos mientras supiera que estaba a la vista de Ishi, pues no quería delatar ninguna de sus capacidades. Además, aún no tenía la certeza de que el chico no insistiría en seguirle. De momento, al menos, no parecía ser el tipo de infante demasiado insistente.
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#25

Mensaje Akira Matsuda01 Jun 2020, 04:36


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Re: Tempo


Eijiro se esforzó por domar una sonrisa zorruna, que amenazaba por irrumpir en la comisura de los labios y arrastrar consigo una carcajada que, bien sabía, mandaría al traste toda la situación. En su lugar asintió, sonriendo con amplitud y en una postura igualmente amistosa. Tal y como si un buen amigo le hubiera enviado a paseo una tarde cualquiera. Inevitablemente, dejó escapar una risa llena de sosiego, antes de asentir nuevamente en dirección al tipo a medio vestir. También se preguntaba qué atractivo le encontraba a plantar el trasero en la tierra fría y disponer el tablero a la misma altura.

— Muy agudo, señor. — Añadió mostrándose asertivo. Echó un vistazo al interior de su tienda en un destello dorado para descubrir la aparente humildad del establecimiento. Unas cuantas prendas, nada muy ostentoso a excepción de un puñado que podría contarse con los dedos de una mano. Pudo reconocer un tejido labrado que desde luego no había salido del lomo de una oveja enferma al otro lado de la colina del barrio. Eijiro sopesó su respuesta, torciendo el gesto y llenando sus pulmones del pesado tinte del oro, por supuesto en sentido figurado. Aún no había llegado a desarrollar esa demencia. — Pido disculpas entonces. No había visto su producto. — Devolvió una sonrisa a su improperio, pujando con cautela al tiempo que el tipo respondía a su alumna. Eijiro no le hizo falta ser ningún clarividente para saber que su sahvar en el instante en el que el aire se llenó con la palabra "desafío" se pondría en guardia. Así hizo la futura madre de sus hijos, que tanto se negaba a engendrar a su prole en un huevo pero no tanto a perder el sueldo jugando a las monedas con un vagabundo. Aún entonces estaba entre las cinco mejores madres que había conocido. Justo entre aquella admirable señorona que amamantaba a su vástago entre las recompensas bien pagadas de malandrines y morosos o esa muchachita, jovencísima y altanera, que veía una mancha donde un lunar y a veces hasta lo contrario.

Eijiro terminó encogiéndose de hombros con desenfado, sabiendo ya lo que se avecinaba y sin mucho que tuviera en su mano por impedirlo. Al escuchar sobre el premio se volvió hacia Shinjo con un gesto iluminado por el asombro, como si le hubieran susurrado al oído la más hermosa de las noticias.

— ¿Lo has oído, cielo mio? — Preguntó expectante, alzando las palmas abiertas hasta el pecho como si le ofreciera como tributo imperial el premio invisible de un desafío por superar. — ¡Ropa! — Exclamó en un susurro lleno de fuerza, con una pronunciación esforzada como si aquello fueran bendiciones de oriente y oro de las veredas. Fue entonces cuando, cautivo de un arrebato de asentimientos breves y concisos, Eijiro se volvió lentamente a quien en un primer momento le había parecido un rastrojo cercano a lo senil. Resultó mucho más joven desde aquella distancia, dichosos los ojos. — ¿A qué, mi buen señor? ¿Al ajedrez, taflut o...? — Creó expectación, pasando la punta de la lengua entre los labios y comprobando que no hubiera nadie demasiado cerca antes de inclinarse solo un poco hacia el tendero. — ... al exótico parchís, si en verdad estamos hablando y no es esto un antro de pordioseros sin sangre en las venas y corazón de mosquito. — Volvió a erguirse como un palo, con el rostro marcado por una altivez llena de peligro, como si la mera mención del parchís ya fuera un hecho tan lleno de sustancia como para elevar la temperatura y darle un sabor picante al asunto. Mantuvo el porte, desviando la mirada entre su alumna y el tendero sentado en el suelo sin llegar a confesar lo mucho que le molestaba aquello.

¿No tenían sillas en Tempo o es que el suelo estaba inusualmente fresquito?
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— Lucha contra el impulso de devolverle una carcajada al improperio del tendero.
— Al escuchar la propuesta comprende inmediatamente que Shinjo caerá sin remedio.
— Pregunta el reto en concreto, interesado y aparentemente asombrado por el premio ofrecido e incluso menciona el portento del genio humano en si mismo: el parchís.
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#26

Mensaje Eijiro Isarashi02 Jun 2020, 20:34


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Re: Tempo


Resultó inevitable. Ante el improperio que el propietario del local dedicó a su sahrego, Shinjo sonrió. En su defensa, no fue a propósito, sino un acto completamente espontáneo, sincero y, en buena medida, involuntario. Un acto reflejo, tan instintivo como el apartar la mano al rozar la llama de una vela o el contener el aliento cuando se confiesa una verdad incómoda. Fue una sonrisa exigua, frugal y efímera que apenas sometió el occidente de sus labios antes de desvanecerse por completo. Se llevó una mano a la boca de forma fugaz para camuflar el desplante, al tiempo que con la mirada buscaba la de su maestro en un intento por averiguar si el gesto había pasado desapercibido a sus ojos. En ningún momento llegó a pensar que Eijiro le devolvería el desaire al estrambótico duelista. Su sahrego tenía mal genio, pero llevaba toda una vida ejercitando el órgano del autocontrol. Y el de la falsa cortesía, como quedó demostrado apenas un momento después; donde otros habrían alzado el puño y la espada, Eijiro se mostró jovial, asertivo y hasta afable. Sin embargo, a Shinjo no le costó demasiado imaginarse lo que realmente pensaba su tutor acerca de aquel hombre. Recorrió con la mirada la tienda mientras el Isarashi trataba de limar asperezas del ambiente: en más de una ocasión se vio irremediablemente atraída hacia una u otra de las prendas expuestas. Concretamente, hacia aquellas que presentaban una mejor factura y confección. Las más caras, sí. Si iba a ponerse una túnica a modo de disfraz, al menos quería que fuese una buena. Pero, evidentemente, estaba segura de que Eijiro no pagaría ni un penique más del necesario por un trozo de tela al que no volverían a dar ningún uso cuando salieran de Tempo.

Al tiempo que lamentaba su desdichada posición como sahvar de un comerciante avaro y sobón, la tentadora voz de la ludopatía continuaba susurrándole gratas promesas al oído. Su atención regresó de inmediato al encuentro en cuanto el dueño del establecimiento respondió a su pregunta. La sorprendió descubrir que el premio era precisamente lo que había estado codiciando: le pareció casi una señal divina o algo por el estilo. Al fin y al cabo, ¿qué probabilidades había de que fuera tan solo una mundana casualidad que hubiera deseado hacerse con una de aquellas ostentosas túnicas y que justamente esa fuera la recompensa por derrotar al sastre? Si los Dioses existían, podía decirse que la estaban obligando a jugar, ¿verdad? Se humedeció los labios con la punta de la lengua, abrió y cerró las manos en cinco metódicas ocasiones y buscó a su alrededor otro aliciente para aceptar el reto. Entonces, recordó un pequeño detalle; la manzana. La manzana era roja, y el rojo era bien sabido por todos que atraía la buena suerte. Tampoco había ningún trece a la vista, ni escaleras cercanas a la puerta ni tampoco espejos que romper. La fortuna estaba de su parte, la alentaba una vocecilla esperanzadora en su mente. De pronto, se sentía absurdamente confiada; no porque fuera un as al ajedrez o tuviera alguna estrategia en mente, sino porque creía de forma ciega y absurda en las señales que la suerte le mandaba. No iba a hacerle el feo de ignorarlas, desde luego. El corazón le martilleaba en los oídos al tiempo que Eijiro se volvía hacia en su dirección y la llamaba cariñosamente. Pero su “esposa” ya no estaba allí. Shinjo se mostró distraída, absorta en sus propias divagaciones mientras le daba vueltas a la situación. O, más bien, a la apertura que elegiría y el método que utilizaría durante la partida.—Al ajedrez, por supuesto. ¿No has visto el tablero, cariño?—repuso con sequedad, adelantándose a la contestación del propietario y realizando un par de aspavientos con la mano a su maestro, casi como si le estuviera pidiendo que no la molestara. Ya nada podía frenarla. Se acercó al lado del tablero sin ocupar y, tras despojarse de la capa y extenderla en el suelo, se puso de rodillas sobre ella con mucho cuidado de no cruzar las piernas.—Acepto su desafío, señor...—guardó silencio, aguardando por una introducción o al menos por un nombre al que referirse. Contempló el ejército de piezas dispuesto frente a ella, llevándose una mano al mentón con expresión pensativa. A decir verdad, sus conocimientos sobre ajedrez eran prácticamente nulos. Lo suyo siempre habían sido las cartas, no los peones. Pero no importaba, tenía un buen presentimiento.

Las blancas mueven primero, ¿verdad?
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—Su instinto de jugadora la hace aceptar el reto de inmediato.
—Desestima las palabras de Eijiro.
—Se sienta frente al lado del tablero desocupado para dar inicio a la partida.
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Mensaje Shinjo Isarashi02 Jun 2020, 22:10


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Re: Tempo


Los comentarios de Eijiro en alguna ocasión podrían haber intrigado al tendero, un señor que sino se habían fijado, pese a estar en una edad avanzada, se mantenía en bastante buena forma, parecía que tejer requería algo de músculo al fin y al cabo. De hecho, con aquel último estuvo a punto de levantarse de una vez y afrontarlo, como macho cabrío directo a chocar cornamentas, no obstante, se mantuvo pasivo, inmutable, lo ignoró, en resumidas cuentas y centró su atención en la retadora, si se sentaba en el suelo podría notar que tenía una temperatura ideal, además, había un cojín al lado por si quería usarlo para sus posaderas.

Es suyo el primer movimiento.

Mencionó, y entonces comenzó. Fácilmente pudo llegar a casi la hora de partida antes de que el dueño de la tienda tirara su rey en señal de derrota. La gente poco a poco se había ido acumulando alrededor, expectantes del resultado, no le habían visto perder en mucho tiempo y seguramente, aquel sería un día digno de recordar, el ambicioso Seiji había sido derrotado. Durante la partida se podía notar como el hombre se iba poniendo mas nervioso en pequeños detalles, su mano derecho era la que movía las piezas, pero la izquierda normalmente reposaba en su barbilla y sus dedos se iban moviendo cada vez mas, hasta que no paraban quietos, finalmente, agachó la cabeza y aceptó que no había manera de ganar aquella partida.

Eso se sintió bien, hacía que no tenía una partida así en años, incluso ganando te habría dado la recompensa, añadiré algo de ropa para tu... chico.

Pausó.

Dime, ¿qué tipo de vestido andas buscando?

Y entonces le mostraría la variedad que tenía consigo, ahora sería Shinjo la que tendría que decidir que llevarse consigo. Eijiro se llevaría el conjunto mas común, el que llevaba todo hombre por allí, unos pantalones hasta las rodillas blancos y una parte de arriba con una túnica que pasaba por el pecho, de lo mas simple, pero a la vez, cómodo.

Akira mientras tanto dejaría atrás a un Ishi que no rechistaría ante el turno de los eventos, se le veía extrañamente calmado, como si todo aquello hubiera sucedido según lo que él esperaba. Fuera como fuera, se despidió con la mano en alto, antes de volver al jardín de piedras a acabar su trabajo.

El mercenario caminó en línea recta por el bosque, el terreno era complicado, incluso peligroso en algunas partes, sino tenía cuidado al andar bien se habría caído de culo en aquel terreno, que mezclaba el agua con la tierra, haciendo del barro el peor enemigo de la ropa blanca y de la estabilidad. Tras casi una hora saldría de el mismo y se encontraría con una gran amplitud de posibilidades, justo daba con un camino que parecía caminar directamente a la ciudad, no obstante, a un lado se podría observar un gran panteón donde había gente aglomerándose, a unos cinco kilómetros, rumbo al suroeste, en cambio, en el noreste se podía observar una gran torre alta, a unos veinte kilómetros de distancia, pero mas cercana a la ciudad por al menos, cinco kilómetros, ¿a dónde se dirigiría ahora nuestro querido amigo? Parecía que la luz comenzaba a bajar, como si estuvieran en el exterior, era una obra magnífica de lo que quiera que fuera.
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#28

Mensaje Gray05 Jun 2020, 01:44


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Re: Tempo


Para sorpresa de muy pocos Shinjo se sentó en el suelo con cuanto recato fue capaz de lograr, accediendo con ello a la partida y, en la humilde opinión de Eijiro, cediendo a su vez una escasa porción de su dignidad. No era porque encontrara indigno sentarse en el suelo ni aceptar retos de cualquiera como si tal cosa, pero hacerlo en mitad de la calle jugando al ajedrez o a las cartas tenía cierto toque lamentable, fuera por lo ridículo o por la mera impresión de un Eijiro que asentía con una plena sonrisa.

La partida dio comienzo con sus giros, sus aperturas sorprendentes y su suerte de movimiento equidistante. Caían las piezas, los peones volaban de turno en turno de tal forma que Eijiro incluso sintió algo de lástima. Ellos si que tenían una indigna existencia condenados a sacrificarse en batallas breves y encarnizadas donde poco tenían que aportar más que sus cuerpos. Hizo una mueca contemplando la larga trayectoria de un alfil de un lado al otro del tablero, seguido de un rápido contraataque, una barbilla frotada en contemplación y un gruñido que pretendía hacer funcionar la pesada maquinaria. Al cabo de un tiempo Eijiro tuvo claro dos cosas: la primera; que no sabía jugar al ajedrez, la segunda; que era menos entretenido de ver que un par de vagabundos discutiendo por un mendrugo de pan discretamente mohoso. En esa trifulca silenciosa Eijiro dejó la mirada fija en el tablero, sin moverla un ápice e incluso sin llegar a parpadear demasiado. La realidad, siempre más compleja, era que trató de recordar aquel recuerdo avieso de un barbudo vagabundo sosteniendo el trozo de pan por encima de la cabeza y otro señor, escoltado por una manada de media docena de perros, argumentaba incoherencias que eran respondidas con otras de mayor calibre. Recordó como la mitad del vecindario se reunió en torno a ellos de una forma similar a como ocurría entonces. Eijiro no pudo evitar esbozar una mueca de disconformidad. Lo suyo era mejor.

Por gracia del destino, porque cuestionaba alegremente las habilidades de su alumna, el tendero rindió su rey y la partida quedó zanjada. Eijiro alzó las cejas, esbozó una comedida sonrisa y ofreció la mano a su sahvar, tratando de levantarla como amante esposo.

— ¡Muy buena partida! — Exclamó con jovialidad, asintiendo ante Shinjo y, por sumo decoro, también al tendero. — Aquel momento con los peones, el caballo y la dama fue... — Hizo un aspaviento al aire, revolviendo la mirada y dando la sensación de que había supuesto un instante delicioso. — ¿Sabías jugar a esto, mi cielo? — Preguntó justo después sin abandonar su sonrisa. Por supuesto, Eijiro se acercó a ella tanto como para agriar su victoria. Rodeó su cintura con el brazo de tal forma que las caderas de ambos quedaron la una junto a la otra. Se inclinó suavemente y, antes, mucho antes de que uno pudiera percatarse de ello e incluso el propio Eijiro, plantó un suave beso en sus labios. Discreto, lo suficiente como para ser tomado como una costumbre, una grata celebración. Eijiro se irguió inmediatamente, sonrió y asintió al tendero como si no hubiera pasado nada. Era rápido, se adaptó rápidamente. No hubo grieta ni duda que pudiera evidenciarlo y sin embargo no podía negarse: la había besado. Por poco que fuera, por breve que resultara.

— Y... — Carraspeó, levantando la mano para pedir disculpas por la interrupción. — Muchas gracias por el detalle, buen señor. ¿Dispone de probadores? Estaríamos encantados de vestirlos inmediatamente. — Ansioso, se acercó a la tienda separándose momentáneamente de Shinjo, haciéndose con la ropa que se le hubiera ofrecido esperando la respuesta del hombre. No parecía turbado. Era correcto, comedido, de distinguida familiaridad. Nada había que pudiera señalarse en su comportamiento que indicara nada fuera de lo normal. Debía entonces ser fingido. Estaba seguro, un mero adorno que otorgara verdad. Y nada más.
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Cinturón: Kodachi
Muslo derecho, Estuche pequeño: 10 Senbon
Muslo izquierdo, Estuche pequeño: 10 Senbon
Oído derecho: Comunicador.
Zona lumbar, Estuche Mediano: 5 Ganzúas, 1 Linterna, 1 Torniquete, 2 Píldoras de Soldado, 2 Bombas de Pimienta, 1 Respirador, 2 Ungüentos.
Resumen de AccionesMostrar
— Observa la partida algo distraido, pensando en otros eventos de gloriosa estampa de mayor relevancia que aquella partida.
— Al terminar la partida finge haberse divertido, ayuda a Shinjo a levantarse y, como si fuera lo más normal, le planta un beso de felicitación.
— Agradece el ofrecimiento, trata de hacerse con la ropa para él y pregunta por los probadores, aparentemente tan afable como de costumbre.
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#29

Mensaje Eijiro Isarashi07 Jun 2020, 00:23


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Re: Tempo


En cuanto hubo tomado asiento, tras una breve intervención por parte del propietario del local, la partida dio comienzo. Aunque otros considerasen que realizar el primer movimiento era un privilegio, a Shinjo la ponía ligeramente nerviosa tener que definir el ritmo de la contienda. Cuando no conocía lo suficiente un juego, siempre prefería reaccionar que actuar; sobre todo en uno como aquel, donde la suerte apenas encontraba hueco para hacer su magia. A lo sumo, podía intervenir alelando los sentidos del anciano y agudizando los suyos puntualmente, pero no mucho más. Nada más realizar la maniobra de apertura en la que uno de sus nobles peones fue mandado al frente, recordó lo poco que sabía sobre ajedrez. Aquel “deporte” para intelectuales nunca le había llamado la atención y, a decir verdad, el hecho de que todo dependiera de la agilidad y destreza mentales la espantaba bastante. No había riesgo real en el enfrentamiento y, a menudo, si uno conocía mínimamente al adversario, podía adivinar de antemano quien llevaba todas las de ganar. En las cartas, sin embargo, la habilidad era importante, pero seguía quedando supeditada a los impredecibles caprichos del azar. Te desenvolvías con lo que te tocaba y casi nunca terminaba siendo un duelo justo. Todos partían de la misma condición, pero enseguida se veían encadenados a las cartas que la mano ciega de la suerte les repartía; era la vida misma. Y aquello le encantaba. No como el ajedrez, que por algo se consideraba un deporte y no un juego. A medida que la partida se desarrollaba, tuvo que esforzarse en recordar las reglas que se aplicaban a cada pieza en concreto y, no en pocas ocasiones, se vio obligada a hacer malabarismos con su ejército para librarse de las taimadas artimañas de su oponente. En experiencia, desde luego, la superaba con creces. No tanto en perspectiva, en cambio.

Al cabo de una larga hora en la que volaron sacrificios y sus neuronas estuvieron a punto de declararse en huelga indefinida, una mejor visión del campo de batalla le concedió a ella la victoria. Fue casi casualidad que lograra detectar aquel solitario ángulo por el que hacer avanzar a su alfil y acorralar al rey enemigo. Había sido una guerra de desgaste en toda regla, pero, al final, el triunfo era suyo. Con la espalda dolorida tras tanto tiempo acomodada en la misma postura, recibió de buena gana el comentario de su oponente. Asintió en su dirección, satisfecha, sintiendo el rostro iluminado y la boca traviesa. Qué fácil era sonreír cuando se ganaba. Aunque aquello no pudiera considerarse un juego de azar, notaba en el pecho esa familiar sensación de éxito, la mirada laureada y la respiración agitada.

Paladeó la victoria, desmenuzando su placentero sabor y escogiendo sabiamente las palabras que dedicarle al perdedor.—Buen duelo, señor. Le agradezco el extra que añade a la recompensa, es muy generoso de su parte.—pronunció con voz de seda, cantarina incluso. Volvió el rostro y se encontró con la mano extendida de Eijiro: aunque en otra situación habrían saltado todas sus alarmas, no fue así en aquella. Ebria de orgullo, la vanidad no le dejó ver a través de su aparente cortesía. La tomó, pues, y apoyó su liviano peso en ella para levantarse. Aún sabiendo que probablemente los estaba fingiendo, disfrutó de sus halagos. Sonaban bien.—Reina, mi vida. Se llama reina.—le corrigió de buen humor, obviando su aspaviento y buscando su mirada por puro capricho. Esperaba hallar alguna muestra de reconocimiento en ella, alguna señal de que estaba contento con el resultado. Al fin y al cabo, acababa de ahorrarle muchas monedas. Porque, por supuesto, ambos trajes habrían corrido por su cuenta. A su pregunta, ensanchó la sonrisilla y entreabrió los labios, soberbia.—No, no mu...—justo entonces, se vio arrastrada hacia él y despojada de cualquier atisbo de espacio personal. Un segundo después, Eijiro depositaba un suave e inadvertido beso sobre su boca. Durante un momento ingrávido, se quedó petrificada en el sitio, incapaz de articular palabra o siquiera parpadear. Le ardieron las mejillas, el aliento se escapó de su garganta y el pecho le dolió brevemente. Su corazón decidió saltarse un latido, silenciarse antes que pronunciar una nota discordante. Puede que, después de todo, el mundo tuviera razón; a veces, era más sencillo actuar que reaccionar. El roce duró lo que un suspiro y, al instante siguiente, Eijiro se separaba de ella, comportándose tal y como si allí no hubiera pasado nada. Revistió sus ademanes y expresiones de infinita normalidad, de forma que Shinjo no supo qué hacer o decir. Prefirió mantenerse rezagada un instante en el que logró recomponerse a duras penas. Disimuló el rubor como buenamente pudo y acompañó al hombre mientras este le mostraba su mercancía. Había sido parte de la pantomima, se repetía ansiosa, al tiempo que palpaba el tejido de los vestidos, en busca del adecuado. Se detuvo al descubrir uno especialmente elegante y sedoso, el cual estaba hecho de una tela de un blanco cristalino con detalles dorados; se abría a la altura de la cadera en un corte que le resultó de lo más seductor.

Lo sostuvo con cuidado, decidida a quedarse con él.—Este.—anunció con la entonación un poco más estridente de lo habitual. Carraspeó, evitando por todos los medios buscar a su sahrego con la mirada. ¿Qué le ocurría? ¿Por qué se sentía tan torpe de repente? ¿Era por el... por el beso? Tan solo había sido atrezo, un complemento para darle algo de verdad a su historia. No significaba nada.—Me gustaría llevármelo puesto.
Resumen de accionesMostrar
—Juega la partida.
—Se alegra mucho al salir victoriosa y le dedica unas palabras a su oponente.
—Toma la mano de Eijiro para levantarse. Cuando él la besa, se queda atónita unos momentos.
—Trata de recomponerse y se acerca al propietario para ver su mercancía. Elige un vestido blanco, que se abre a la altura de la cadera y tiene detalles dorados.
—Sugiere que le gustaría llevárselo puesto, esperando a que el dueño le muestre un probador o algo.
InventarioMostrar
Espalda — Naginata.
Oído izquierdo — Comunicador.
Zona lumbar — Porta armas mediano (5 Notas de Sellado, 1 Píldora de soldado, 1 Respirador, 1 Antídoto, 1 Bisturí).
Muslo izquierdo — Estuche pequeño (2 Kunais, 5 Senbon).
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#30

Mensaje Shinjo Isarashi07 Jun 2020, 19:16


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